jueves, octubre 28, 2004

Hoy no será noche de blog. Tengo que escribir en mi diario. Anotaré el ataque de mi enemigo para que mis capitanes me ayuden en el próximo combate.

Un pequeño brote, en suma. No tengo el cuerpo para dobles sentidos.


Al menos, salir como una loca del teatro buscando respirar un poco me ha llevado sin quererlo a mi librería, donde me estaban esperando los Diarios de Virginia Wolf. A veces me gusta imaginarme que son las lecturas las que nos buscan y nos escogen. Pero, esta noche, me temo que mis ensueños carecen de crédito. De momento me temo que El buda de los suburbios tendrá que esperar.

Conque buenas noches a todos, a ti que me visitas y a todos los demás. Debo hacer mis deberes para La Cordura antes de acostarme.

martes, octubre 26, 2004

La cura

Escribo aquí hoy por puro esfuerzo. No encuentro qué decir, pero debo encontrarlo. Battiato debería ayudarme, pero escucho La cura en sus dos versiones una y otra vez, y me hundo todavía más en el papel/pantalla en blanco. La envidia me arde en las tripas.

Anoche releí mis poemas. Hace casi diez años que no escribo poesía; y las repasé entremedias de la Antología que estoy leyendo. ¡Qué horror! :)


¿Que por qué me esfuerzo?

Porque esto es todo lo que soy. Ahora que estoy volviendo a encontrarlas, necesito las palabras tanto como respirar. Necesito que salgan de mí. Necesito hacer salir personajes que no dejan de gritarme aquí dentro. Quizá, con el tiempo, juegue con la versificación un poco.

Pero ahora es mucho más difícil. Escribo buscando una voz que no sé si tengo. Quizá no la tenga y mi único talento sean las florituras con el lenguaje. O quizá sí, y sea ahora el momento de encontrarla. El hueco que han dejado la euforia y la ira puede estar dispuesto a recibir esa fuerza. Si recordara cómo rezar, quizá lo haría suplicando ese regalo.

lunes, octubre 25, 2004

Sueños y café con leche

Ha sido una hermosa tarde de domingo. Y, como viene siendo norma últimamente, hermosa como hacía muchísimas tardes de domingo que no lo era.

Hacía tiempo que no recorría Lavapiés. He vuelto a La Dinamo: no la pisaba desde el rodaje del corto. He estado en una nueva librería llena de posters de Klimt cuyas dueñas me han prometido toneladas de literatura sobre Sarajevo. He sabido que La Grande entre las Grandes vendrá a cantar a Madrid. Y Herber West ha encontrado un bar indio escondido en la calle Buena Vista, donde una triste imitación de Carlinhos Brown ha ilustrado a medio comedor con su disertación a gritos sobre Ravi Shankar y "esa
guitara que utilisan en la India" :)


Ayer me salté la prescripción y tomé un café con leche.

Y hace una semana que he vuelto a soñar. Es una sensación realmente extraña... Sin sueños, sin ningún sueño, desde que tenía uso de razón hasta los 16. Después recuerdo haber soñado alguna vez, muy pocas. Y recuerdo las últimas pesadillas de este año, también; hasta que desaparecieron nuevamente los sueños.

Pero esta semana he soñado de nuevo. Y resulta curioso que mis sueños sean tan cotidianos. Sueño que compro un nuevo número de Hellblazer; que voy a clase de francés; que pago la dichosa matrícula de la UNED. Durante todo el día recordaba mis últimas notas y un comentario de nerea (la única persona que ha entrado en este diario): "quizá escribir sea al vivir lo que el soñar al dormir".

¿Soy realista por la misma razón que son así mis sueños? Me he pasado mi vida ensoñada, siendo un conjunto de síntomas, y quizá por eso mi trabajo ha estado siempre tan cargado de cotidianeidad. Me pregunto si ahora, que soy distinta (o no tanto) pero empiezo a ser real, mis escritos cambiarán y perderán realismo; y quizá ganen por fin calidad.

De momento, prefiero que eso llegue solo. Escribo un guión. Escribo una novela para niños. Sueño a diario y bebo café con leche de vez en cuando. Estoy viva. Y escribo mi enésima cita:
... but I don't care
cause sometimes
I said sometimes
I hear my voice
And it's been here
Silent All These Years
(Tori Amos)

domingo, octubre 24, 2004

Traspapelada

Haciendo la enésima limpieza de mi estudio he encontrado este poema de Jacques Prévert:

DEJEUNER DU MATIN
Il a mis le café
dan la tase
Il a mis la lait
dans la tasse de café
Il a mis le sucre
dans le café au lait
Avec la petite cuiller
Il a tourné
Il a bu le café au lait
et il a reposé la tasse
Sans me parler
Il a allumé
une cigarette
Il a fait des ronds
avec la fumée
Il a mis les cendres
dans le cendrier
sans me parler
sans me regarder
Il s'est levé
Il a mis
son chapeau sur sa tête
Il a mis son manteau de pluie
parce qu'il pleuvait
et il est parti
sous la pluie
sans une parole
sans me regarder
Et moi j'ai pris ma tête dans ma main
Et j'ai pleuré
(DESAYUNO
Él ha vertido café / en la taza/ Ha vertido leche/ en la taza de café/ Ha puesto el azúcar/ en el café con leche/ con la cucharilla/Lo ha removido/ se lo ha bebido/ y ha dejado la taza/ sin hablarme/Ha encendido un cigarrillo/Ha hecho volutas/ de humo/ ha echado la ceniza/ en el cenicero/ sin hablarme/ sin mirarme/ Se ha levantado/ se ha puesto el sombrero/ se ha puesto el impermeable/ porque llovía/ Y se ha ido/ bajo la lluvia/ sin mediar palabra/ Sin mirarme/ Y yo, yo he metido la cabeza/ entre las manos/ Y he llorado)


No se corresponde en absoluto con mi estado de ánimo (tocaré mil veces madera). Pero me sabía tan mal que se perdiera un trozo de las Paroles... ahora que vuelvo a leer poesía...

viernes, octubre 22, 2004

Mi ¿problema?

"Tu problema, amor mío, es que vives como escribes". No sé si tomármelo como un halago o como una puñalada en el esternón.

Recuerdo esta frase ahora, descansando entre dos trabajos que debo transcribir antes de enviar a que mi productor decida su suerte. Escucho la Ascensión de Messiaen... Si te sientes confundido y quieres explotarlo, este es tu hombre.

Si por fin vivo como escribo, no puede más que sifnificar algo bueno. Habría recuperado a las palabras, con las que había roto hacía meses. Pero vivir como se escribe (como yo escribo) tiene un problema al que se refiere Herber West: este mundo no es el mío. No es el que yo reconstruyo cada vez que trabajo.

No voy a presumir ahora de haber fundado Terramar ni Orsinia (no soy tan snob). Pero, hasta donde he llegado a descubrirlo, allí los oficinistas dejan de pensar en los informes del trabajo y se reenamoran gracias a un aroma perdido entre el humo; en Navidades, los inquietos oyen voces que les recuerdan que hay dolor a su alrededor; los ciclistas huyen de la Guardia Civil trasto al hombro; y una chica muerta en un charco es capaz de derrotar a un antidisturbios armado.

Herber West dice que mi problema es que la vida que me rodea no es la de mis personajes; y que si busco los sentimientos que vierto en mis ficciones voy a salir siempre decepcionada.

No sé. El bicho ha estado molestando toda la semana y, aunque por fin se ha dormido, no me queda mucho estómago para monologar interminablemente sobre mi riqueza interior.

Bueno, el sarcasmo tampoco está mal :)

martes, octubre 19, 2004

Post Scriptum

No. No eres el imbécil de siempre. Eres el imbécil de ahora, sin duda. Pero también el no-imbécil de siempre. Nunca fuiste un imbécil antes.



lunes, octubre 18, 2004

Ben & Jerry's

New York Super Fudge Chunk. Helado de chocolate con trozos de chocolate blanco y negro, nueces de Pecán, nueces y almendras chocolateadas. Helado de cholate derritiéndose un poco en mi paladar, los segundos justos para que pierda el primer frío. Helado de chocolate del extremo tembloroso a la base cálida, y otra vez al extremo. Y otra, y otra.

Helado de chocolate de mis labios a sus labios, y de sus labios a mis Labios, y de ahí, al interior.

Helado. Frío entre dos bombas de calor, alentándose una a la otra.
Chocolate. Oscuro y dulce como el delirio, fundiéndose, uniéndonos.

Después la sal, la premura, el pálpito. Y, al final, la luz. La pequeña muerte, la blanca, infinita y gloriosa alegría.



Y, mientras él duerme, releo mi último mensaje aquí, distanciada del dolor que me ha acompañado todo el día. Y me siento, por fin, liberada. En paz.

Casi bruna

¿Para qué ser pretenciosa? Él ya lo escribió antes, y yo no podría superarlo:

Umbrío por la pena, casi bruno,
porque la pena tizna cuando estalla,
donde yo no me hallo no se halla
hombre más apenado que ninguno.

Sobre la pena duermo solo y uno,
pena es mi paz y pena mi batalla,
perro que ni me deja ni se calla,
siempre a su dueño fiel, pero importuno.

Cardos y penas llevo por corona,
cardos y penas siembran sus leopardos
y no me dejan bueno hueso alguno.


No podrá con la pena mi persona
rodeada de penas y cardos:
¡cuánto penar para morirse uno!

sábado, octubre 16, 2004

Tuulilta Tuleva

Es temprano todavía. Herber West apenas se está desperezando sobre el futón. Preparo el desayuno mientras escojo a las magas vikingas por compañía.

Y bailo.

Me muevo al ritmo de sus cantos por el salón, el pasillo y la cocina, despacio, tranquila, y sonrío por primera vez en muchos, muchísimos, sábados por la mañana.

Esta vez soy yo quien baila, no el maldito demonio vomitando euforias a través de mí.


Niin miun lempeni lentäköön
missä mun kultani kulkee
laulan tyrskyt tyyntymään
vaahot meren vaipumaan

Näiltä tuulilta tulevan
nähtävän näiltä ilmoin
missä mun kultani kulkee
mailla millä marjani

Siete

"Siete de ocho no es un resultado nada malo, Blue Thing". Me lo ha dicho Tenso esta noche. Y tiene razón.

Siete de ocho. Siete. Mis siete pequeños y asustados paladines, generosos, temerosos, confusos; pero, a pesar de todo, todavía a mi lado. Mis caballeros.

Siete, mi número de la suerte.

viernes, octubre 15, 2004

El chico que cruzó el río

Anoche vi una hermosa película, Diarios de motocicleta, que me conmovió profundamente. Confieso que no me gustó Ciudad de Dios tanto como mandan los canones de la corrección política; y que, si no hubiera aparecido el nombre de Ernesto Guevara en la sinopsis, quizá no habría ido a verla. Pero lo cierto es que fui, tras una tarde entera convenciendo a Herbert West de su poco contenido revolucionario; y tras haberle concedido Hellboy en la sesión anterior como muestra de buena voluntad.

Ojalá me hubieran contado esta historia hace tiempo.

Era Ernesto, no Che. En los ojos de Gael García Bernal no había ni rastro de la fotografía que entre todos hemos convertido en un icono pop más del montón. No sé mucho de su vida persona, y nada de el verano del 52 en la que se dedicó a recorrer Latinoamérica con un amigo en La Poderosa, una moto Norton que murió en el camino. Pero apostaría a que la mirada de Ernesto en aquel momento era esa y no la del uniforme.

Fuser, el estudiante de Medicina de Buenos Aires, confundido ante el mundo que estaba empezando a conocer. Confundido, indignado, enternecido a veces. Incluso divertido, otras. Toda la historia gira en torno a las emociones, no a los discursos (aunque al final tenga que hacerles una concesión obligada). Son los sentimientos lo que nos hace ser hombres, lo que nos hace cruzar el río.

Cuando, cerca del final de su viaje, Fuser cruza el Amazonas para celebrar su cumpleaños con amigos nuevos _leprosos que ha conocido en un hospital, y que tienen prohibido abandonar el lazareto porque así son las normas_, lleva consigo una cantidad de experiencias que le sobrepasan, y que va anotando en su diario de viaje.

Creo que, hace dos años, cuando abrí la primera fosa común del franquismo, puse la misma cara de cría atontada y conmovida ante el mundo. Ahora sé que ni siquiera al maestro de la oratoria revolucionaria le valieron de nada los discursos teóricos a los que yo he sido siempre tan aficionada. Ahora sé de su verdad.

Me pregunto que pensaría Ernesto, o qué pensaría El Comandante, también, leyendo esta colección de diarios en la que unos miles de desocupados teorizamos sobre nosotros mismos. Espero empezar, de una vez, a asombrarme ante el mundo que me rodea, porque no existo sin él. Pero quiero terminar con los discursos.

jueves, octubre 14, 2004

Grandes citas

Uno de mis amigos más queridos (probablemente quien ha sido, contra todo pronóstico, mi mejor amigo sin yo saberlo) acaba de escribirme esto:

Ser un cabrón insensible tonto del culo no significa que seas un
monstruo...

Va por ti, Ent carbayón. Gracias por guiarme con tu sabiduría.


martes, octubre 12, 2004

La Manga inesperada

Me pregunto si Tanit tenía los cabellos blancos. Pienso en Asdrúbal sentado aquí, entre dos mares, como yo estoy ahora. La orilla del Mediterráneo es blanca, parda y azul. Blanca como el cabello de Tetis, azul como su túnica. ¿Lo vieron así los griegos? ¿Lo vio Aníbal mientras iba hacia Sagunto? Quiero pensar que sí, que se sentaron en la misma arena limpia, que aspiraron el mismo perfume, y oyeron el mismo silencio que yo oía ayer.

Estaba en La Manga del Mar Menor.

Cuando te pasas la vida yendo de refinada, este es el último lugar donde esperas llegar, sentarte y perderte. Herbert West y yo conducíamos sin rumbo fijo en la avenida de chalets y apartamentos semi desierta, que en verano debe de ser un zoco gigante, y se nos ocurrió aparcar el coche y continuar paseando por la playa. Confieso que nunca imaginé que iba a sobrecogerme de esa manera: tanto como para olvidarme de aquellos horribles hoteles en menos de quince segundos. No se oía nada más que el oleaje, no se olía nada más que la sal. Apenas unas viejecitas alemanas compartían la lengua de arena con nosotros, también silenciosas. Amodorradas por la sobremesa, seguro. Pero, tal como las recuerdo, también sobrecogidas. Así es mejor ;)


Apenas nadé unos minutos, aunque el tiempo acompañaba. Prefería salir y mirar, sólo mirar el mar. Ni siquiera ponerme a meditar en nada, como acabo haciendo en cada playa donde me encuentro (léase, más arriba, "ir de refinada por la vida"). Pensé entonces si esta es la causa de que tantísima gente quiera quedarse aquí durante meses, mirando al mar. Quizá esa sea la razón por la que nunca he visto un lugar aparentemente tan feo pero tan auténtico, tan limpio, tan sincero.

Si tengo que escoger mis recuerdos, escojo a Tanit y a Asdrúbal, a Thethys y a los griegos, a las viejecitas alemanas. Quizá huir de la vulgaridad sea, después de todo, saber a dónde miramos.


sábado, octubre 09, 2004

Archena

Llegamos ayer, ya anochecido.

Hay viejecitos en albornoz y bañador tomando el fresco en las terrazas, correteando aún por los jardines, y _algunas mujeres_ saliendo del Rosario de una iglesia neomozárabe plantada en medio de los tres hoteles.

Olía a magnolias y a jazmín. También a azufre, pero tardas un poco en darte cuenta del vapor.

Al llegar al balneario, me doy cuenta de que he cometido un error de forma: en lugar de
El libro de las ilusiones tendría que haberme traído La montaña mágica.

viernes, octubre 08, 2004

Sustituir mi diario

Me han quitado mi diario.

Llevo alrededor de un año escribiendo en el mismo cuaderno. Lo compré en el Festival de Astorga. Tengo desde hace tiempo la manía de comprar útiles de escribir como recuerdo de mis viajes, sobre todo esa clase de viajes, los más breves, los que tienen más que ver conmigo, con mi día a día, con lo que me va haciendo; que los que sólo son vacaciones. Por cierto, ayer los bastardos de mis alumnos _más bien mis alumnas_ me levantaron la preciosa estilográfica que me traje como recuerdo de Pamplona.

Ahora, mi diario ya no podrá ser mío. Mi especialista lo necesita para que trabaje con él. Debo anotar mis evoluciones, los picos de ira, los de euforia, los de depresión. Escalas del 1 al 10. Tablas de estado de ánimo. Relación de recuerdos. Trabajar contra mi mente para poder curarla, en suma.

Así que mi cuaderno se convertirá en una especie de medicina. Es como si fuera a manejar yo misma el bisturí que abrirá mi intimidad. Hasta hoy no le veía la gracia a esto de los diarios en Internet. Me parecían un sucedáneo para escritores frustrados. Un placebo creativo. Ahora me veré obligada a utilizarlo en sustitución de ese otro que rasgo con mis plumas (o con bolis robados cuando voy mal de dinero), porque no será mío, sino de otra persona que lo aplicará a mí.

Así pues, utilizaré esta página como enlace con la realidad, con la que veo a través de estos ojos. A través de esta mente que empieza a quitarse verrugas y tumores de dentro. No puedo prometer nada respecto a mi grado de compromiso íntimo con esto. No sé cuándo me aburriré. No sé cuándo lo dejaré.

Hasta entonces, estoy aquí. Soy yo.


Me guste o no, sólo puedo escribir de lo que
vi y oí, nada más. [...]Si no vi la luna, es que no había luna en el
cielo.

Paul Auster, El libro de las ilusiones

miércoles, octubre 06, 2004

Barajas, 07:00 AM

Pues esto es lo que hay. Tenía la ilusíón de escribir este post de madrugada, desde el hotel, recién llegada de la fiesta post-cena-post-proyección; esperando a las seis de la mañana para coger mi taxi hacia el aeropuerto. Pero la cena se prolongó hasta las 2, la fiesta consistió en tres copas y poco más, y cuando yo estaba ya en la cama _pensando "qué vieja te has hecho, tía" en mi duermevela_, apareció mi productor antes de las cuatro de la mañana.

Así que no ha habido noche en vela, ni he venido a trabajar empalmando, ni he escrito mi post de madrugada, desvariando sobre el cine y las ilusiones como un David Zimmer cualquiera. El recepcionista de noche del hotel se ha dormido, me ha llamado a las 6:10, el taxista ha volado al aeropuerto, he cogido el avión en última llamada, me he dormido en el asiento, he llegado a Barajas con dolor de cuello y he desayunado un café requemado y una ensaimada frente a la facturación del Puente Aéreo. Y, en la academia, escribo esto en el ordenador de la sala de profesores. Como todo quisque.

Como los quisques que me acompañaban hoy. Barajas a las siete de la mañana es una tienda de corbatas gigante. Todos viajan solos, algunos de dos en dos o de tres en tres como mucho. Sus maletines son iguales, sus trajes son iguales. Sus conversaciones son todas la misma. Era como ir en el metro, pero en versión Business.

Les miraba, les miro todavía, y me pregunto qué me hace diferente a ellos. Alguno tendrá un blog de estos que se tome más en serio que yo, tendrán vida más allá del puente aéreo y la corbata... Quisiera pensar que sí. No me va nada sentirme una cineasta, una mujer libre. Pero es que no puedo evitar sentirme como una marciana entre ellos. Aunque en la sala VIP del aeropuerto ellos tengan WiFi y yo escriba en el trabajo.

Viva la Vie Bohème!


martes, octubre 05, 2004

El primer hijo

Ayer entré por primera vez en la sala de proyección de un laboratorio. Era la invitada, no la estudiante. Proyectaban mi película. Y sólo fui consciente de ello cuando vi las primeras letras blancas sobre el fondo negro:

Digan lo digan
la música de Piera


Me resulta tan extraño describir cómo me siento... Me gusta, sí. Es mi historia, sí. No hay apenas añadidos de otro, y una voz _que a veces es la mía y a veces es la de los montadores_ me repite constantemente que la clave es la historia, que debo sentirme orgullosa.

Pero es que es bueno.

No me imaginaba que de algo tan simple, algo que escribí únicamente para acallar mi mala conciencia ("vaya escritora de mierda que no escribe...") haya salido esto. Mi demonio, aunque amodorrado, sigue con vida y me repite que imágenes tan sentidas no pueden ser mías, que esas palabras son obra de los actores; que algo con belleza no puede haber salido de mis manos.

Y en parte, tiene razón. Ahora la película ya no es mía, ni de nadie. Existe por sí sola. Ahora pertenece a quien quiera verla, y yo tendré que poner otro huevo y alimentar a otra cría, hasta que llegue otro visionado, otro estreno, otro día de nervios como este. Y después, se marchará también.

Esta noche llevo a mi primera hija a Pamplona para su estreno nacional. Su primer día de escuela ;)

Le deseo toda la suerte del mundo.

viernes, octubre 01, 2004


A veces, el demonio se duerme y me convierto en Ella... Posted by Hello