viernes, diciembre 31, 2004

Scrivere é liberarsi

Eso decía anoche la Cura di sé. "Escribir es liberarse". Supongo que este era el propósito de este blog. Supongo que, al menos en parte, lo está cumpliendo.


Mañana, cuando amanezca 2005, me habré despedido de algunas cosas que creía parte inseparable de lo que soy. Habré dicho adiós, principalmente, a quienes durante años fueron mis amigos. No es sólo que ellos no entiendieron lo que me ocurría cuando recaí: es que yo misma, ahora, no soy capaz de aceptar la normalidad con la que prefieren tratarme. Sé que tengo vedada la intimidad de la que un día disfruté; y sin ella, no necesito jugar a rol, ir a discotecas y hacerme la ilusión de que pertenezco a un grupo.

A veces me pregunto si alguna vez piensan en mí. Si me añoran como yo a ellos. Si era real todo lo que mostraron sentir por mí; y cómo puede ser real ahora su camino sin mí, "como _me han dicho_ si nada hubiera sucedido". Como si yo fuera "parte de un pasado que quedó atrás para siempre".

Pero para mí fue real. Es real ahora, y no recuerdo ruptura que haya aceptado con más dolor que esta. Sé que algún día lo superaré, pero éste no es ese día. Y el cambio de año no lo hace más fácil.


Debo decir que 2004 ha sido también el año de este blog, y de quienes he conocido a través de él. Ha sido también el año de mi primer cortometraje. El año en que Rufo ha entrado en mi familia. El año en que me he prometido con Herber West. Cosas que me hacen sonreír, pero que me habría gustado compartir más.


A todos los que os acerquéis aquí, feliz Noche, y sed bienvenidos. Espero seguir hablando de algunos de vosotros aún el próximo invierno. Esta enfermiza esperanza de la locura tiene, creo, un lado bueno.

A light on the water
passing by
into the West
(Annie Lenox)
Ese día perfecto, una mujer dormitaba en la cama, atada con unos pañuelos,vigilada a intervalos. La ventana de la habitación en que yacía estaba atrancada para que no pudiera saltar. Dos días antes casi lo había conseguido.

Duerme ahora. Sueña que podrás olvidar. Que podrás mentirte eternamente a ti mismo. Pero un día despertarás e Iwan Manjak habrá desaparecido. Estarás sólo tú.

jueves, diciembre 30, 2004

Para José

Gracias por el Atlántico. Este es el mío: el penúltimo atardecer de La Mancha este año.

Posted by Hello

miércoles, diciembre 29, 2004

Avergonzada

Leeo a Hagfish, y a rich, y me releo a mímisma. Lo que no perdonaré nunca a mi enfermedad, a quien me torturó hace años; a quienes me abandonaron al recaer, es lo egoísta y fría que me han vuelto.

¿Qué decir de mis temblores ahora? ¿Cómo he podido hablar de que Madrid me agredía, mientras salen muertos y más muertos bajo el mar? No sé qué decir. No sé qué hacer, qué pensar ni qué debo sentir. Es como esa parte de mí misma también hubiera desaparecido.

Tampoco quiero pedir a nadie que envíe donativos. Ya tengo bastante experiencia con esos buitres del Desarrollo y sus sueldos millonarios. Han tardado cuatro días en diseñar los anuncios de la prensa; apenas tardaron un día en publicar los que pedían dinero para la guerra de Irak. Pero ¿qué hacer cuando nuestros propios gobiernos planifican una nueva Conferencia de Donantes para "las próximas semanas?


Que nadie busque aquí nada más que mi propia confusión. Con su permiso, os remito a Hagfish; y a una cita que ha recordado rich antes que yo:
So do all who live to see such times but that is not for them to decide. All you have to decide is what to do with the time that is given to you.
(JRR Tolkien, The Lord of the Rings)

Bofetadas en Madrid

Ayer pasé dos horas en Madrid con Ent y Herber West. Volví a la llanura horririzada. Mi querida Madrid, mi antigua madre y amiga, me golpeaba, me agredía. Llena de gente cabreada, frío, suciedad y empujones.

¿Tanto he cambiado? Madrid era mi hogar, y anoche estaba loca por volver aquí. Quizá me di cuenta de que todo ha terminado. Que la persona que era ha desaparecido. Ahora no sé quién soy, o quién era. Pero todo me parece diferente.

martes, diciembre 28, 2004

No hay soles gemelos en Miguelturra, pero aun así tenemos unas puestas de sol increíbles. La llanura no puede detener el frío y el viento me corta la cara cuando salgo con los perros, pero tampoco puede impedir el paso de la luz de un punto a otro del horizonte. Nunca había visto tanta belleza en mi tierra hasta hace un año. La he apreciado tan poco, y ahora la amo tanto...

domingo, diciembre 26, 2004

Regalos

Tampoco voy a mentir en esto: me encanta recibir y hacer regalos, y los que más me gustan son los de Navidad. Ayer disfruté como una cría mientras Santa Claus dejaba los suyos a los pies de la cama de mis padres y mi abuela (porque, además, soy una española que no entiende qué pintan tres tipos en camello repartiendo juguetes el día antes de volver al cole, por muy tradicionales que sean). Aunque "papá" Noel se quedó dormido, y yo no recibí los míos hasta después de desayunar :)


Pero aquí están y los disfruto en la pantalla de mi ordenador. Desde 1980, mis regalos familiares están resueltos. Mi padre aún recuerda el día que me arrastraron a ver El Imperio contraataca. Vi la segunda parte de la mayor de las historias que me han contado nunca. Esta mañana, mi madre ha exigido la compra de un DVD, para ver el tesoro de la caja plateada "como Dios manda".


Fue la película (las películas, con el tiempo) que decidió mi vida, aunque entonces yo no lo supiera. Aquel primer visionado volvió a mi mente el día que me pregunté si sería capaz de escribir películas. Ahora, son los diálogos de mis caballeros, de mi princesa y de mis enormes y oscuros villanos los que dicto a mis alumnos en las clases de sintaxis; mientras, como una Jedi, lucho contra mi Lado Oscuro. Y, cuando escribo, la Fuerza viene casi siempre a mis dedos...


Casi siempre.

Mi otro regalo de Navidad me habría sorprendido a mí misma. También se trata de una epopeya inabarcable, que llegó a mis manos otra Navidad de hace unos diez años. La esperaba con avidez, pero entonces me decepcionó. No abrí las puertas de Moria, supongo; y me alejé. Durante años me aburría soberanamente mencionar la historia, a causa principalemente de sus fanáticos. Pero durante un trabajo universitario regresé, medio obligada, a la Tierra Media. Ahora confieso (hoy por primera vez) que una parte de mi nunca se irá de ella. Y no me importa reconocer que volví allí gracias al cine. ¿Pasa algo?


No dejo de comprender en mis epopeyas las faltas que ven sus críticos. A veces, hago míos sus errores. Quisiera para mis Jedi algunos diálogos de Altos Hombres del Norte. Y para estos, la mitad de la humanidad de Luke Skywalker, y al menos una pizca del coraje de Leia Organa. Pero estos días, mi corazón le pide descanso a mi mente. Y él está locamente enamorado de ambas historias.


Mientras viajo a Endor o contemplo las laderas de Rohan, nieva en La Mancha. Y dedico un segundo a pensar en un caballero que me acompaña cabalgando un jamelgo viejo... Os recuerdo, señor de la Triste Figura. Por eso regalo vuestra historia a quienes quiero. No cuidéis desta casa.

viernes, diciembre 24, 2004

Al final, me encanta esto

Buenos deseos para vosotros, mis alumnos, que no sois conscientes de cuánto hacéis por alegrarme los días.

PAra Hagfish, para rich, José, Nara, y Nodos. Para Wyan, también: buenos deseos honestos, cariñosos y sin una pizca de Estética Moral.

Para Herber West, mi bomba de aire en la campana de cristal. y, de paso, para Sylvia Plath, allá donde esté, toda la paz del mundo.

Para Ent, D'artagnan y Me. Gracias por todo.

Para mis compañeros del Tora. Seguid esperándome: pronto seguiré vuestros pasos de nuevo.

Buenos deseos para aquellos que alguna vez leyeron estos gritos y susurros. Los mejores de todos, por si alguien que me haya visitado padece un mal similar al mío. Mientras esté yo por aquí, sabe que no estarás solo.

A quien me visita de cuando, no sé si todavía a escondidas, o si se trata de varias personas. Mismo da. Hoy quiero sentir algo de paz, para variar.

Celebramos, al cabo, que hace milenios nació un tipo que habló de amor al mundo y pagó con su vida ir por ahí diciendo lo que pensaba. Si non é vero... é lo bastante ben trovatto como para pensar en ello con algo de buen rollo. Creo que su memoria lo merece.


Feliz Navidad.

jueves, diciembre 23, 2004

Sólo con invitación

Acaban de invitarme a una cuenta de Gmail. No pongo ningún enlace puesto que este servicio de webmail de Google funciona por invitación. O sea, que sólo puedes hacerte una cuenta de Gmail si algún otro agraciado te invita a hacerte una.

Parece que este super-correo para gente VIP se ha puesto de moda entre los bloggers y demás navegantes. Supongo que la utilizaré para esto, ya que todavía no me había hecho una cuenta con mi nombre, y de vez en cuando alguien que lee esto me escribe correos. Así mantengo la ilusión de ser Small Blue Thing, o Small Blue Beauty, como me llama José. :)


Y, sin embargo, recuerdo que es otro elemento de lo que fue mi grupo de amigos. Se hicieron sus cuentas de nerd, se invitaron unos a otros. Supongo que por eso le había cogido manía a Gmail. Ahora, Herber West me ofrece la suya como primer regalo de Navidad, y por eso creo que merece la pena usarla. Os espero por allí, pues.

martes, diciembre 21, 2004

Frío polar en Pennsylvania... ¿Cómo estará Hagfish?

Got new mail

El Eudora lleva horas puesto y yo escribo aquí. Espero un mensaje que no llega. Espero mensajes que nunca llegarán a mi e-mail, porque no se pueden enviar dos veces. Espero los mensajes de entonces. No eran de verdad, pero no me sentía desolada como ahora.

No es cierto que sea malo vivir una mentira. Si nunca te enteras de que lo es, la vida puede ser más fácil y menos terrible que vivir una verdad como la mía.

Pilar

Mientras divagaba sobre mi terrible vida, hace unos minutos, Pilar hablaba en televisión: lleva una semana dando lecciones de integridad a medio país (el otro medio no tuvo ni tendrá nunca solución, me temo).

Me he sentido idiota, y van muchas, escribiendo sobre mí, sobre mí y sobre mí. Creo en esta mujer que vive en mi barrio, milita en mi sindicato y escucha mi programa. Lamento profundamente haberla conocido; porque ella perdió a su hijo el día que yo casi pierdo a alguien a quien nunca había tenido... pero eso es otra historia.

No quiero ganar visitas, y menos a costa de su nombre y apellidos. Dejo aquí un enlace para quienes, desde aquí, queráis conocerla mejor. Es de un buscador, e incluye, para su vergüenza, los insultos que le dedica un malnacido de profesión tertuliano (aunque tendréis que buscarlo).
http://www.feedster.com/search.php?q=%22pilar+manjon%22&hl=en&ie=UTF-8&sort=relevance

Yo recuerdo. Recuerdo.

lunes, diciembre 20, 2004

De algunos reencuentros (mientras empaco otra vez)

Mientras escribo, chateo con M. Ha vuelto, me ha perdonado mis faltas totales de cortesía de los últimos meses, se ha preocupado por mí, y ahí está. Obviamente, me ha deseado que me mejore de mi neuralgia :) Quizá, con el tiempo, le corregiré.


También quedaré mañana con R., que a partir de ahora será conocido aquí como Canarión (¿no es una completa idiotez no poner los nombres de mis amigos, ahora que no entra ni el Tato? Bueno, varios Tatos, pero Tatos angloparlantes, y... vale, demasiado colacao).


Y en pocos días, a casa. A disfrutar de mis perros, de La Mancha, y de las vacaciones de profesora. Creo que debo de ser la única enferma mental de la Tierra que no logra deprimirse en esta época del año.

Ay la Virgen

Las tardes de domingo (venía yo dispuesta a decir) son buenas para corregir exámenes de Bachillerato. Y para tomar decisiones difíciles.


Eso iba a decir... hasta que se me ha ocurrido mirar un momento el contador y me he encontrado con un visitante que ha pasado por aquí un par de veces... que venía de un servicio de contactos para cristianos.

De modo que, por esta noche, me siento invalidada para confesarme. Y no creo que pueda firmar la Evaluación, tampoco.

Buenas noches.


PS: ¿Que no entendéis nada? Probad a echar un vistazo y ya me contaréis qué es lo primero que soltáis por la boca... o si el servicio funciona.

domingo, diciembre 19, 2004

The music of the night

Herber West amenaza con arrebatarme el portátil y llevárselo a la cama para poder seguir viendo pelis, así que no tengo otro remedio que ser muy breve :)

Acabamos de ver la adaptación al cine de El fantasma de la Ópera. Es una versión muy lograda. Tanto como para trasladar a una al Her Majesty's, sentarla en la butaca. Hacerme creer que estoy en Londres de nuevo; y más aún, que estoy en Londres, el 12 de octubre de 2000, sentada en el segundo piso, a la derecha, la noche que Herber West y yo nos enamoramos.


La música de la noche no ha cambiado, pero nosotros sí. Incluso la obra, vista en cine, es un poco distinta, menos maniquea, más intensa, más compasiva. Pobre Erik deforme y solo. Pobre Christine, sobrellevando la vergüenza de no poder amarle, aunque quiera. Pobre Raúl, que nunca consigue entenderles.

No sé en cuánto hemos cambiado HW y yo. Aquí seguimos, juntos, butaca con butaca, cantando bajito las dos horas y media. Sé que Londres es tan bella en soledad como lo fue aquel día para nosotros. No sé muy bien qué es lo que queda de entonces. Quizá sólo lo que dice el Fantasma, que nunca se acaba la música que suena en la oscuridad. Ni siquiera cuando pareces encerrado en ella.

viernes, diciembre 17, 2004

Puntos suspensivos

Realmente, no me preocupo demasiado por la moral [...]

A alguien capaz de decir algo así, ¿cómo diablos se le puede pedir ayuda (sin parecer una completa imbécil)?

miércoles, diciembre 15, 2004

Mi amiga D'Artagnan acaba de enviarme por mail su felicitación de Navidad. Se lamenta de no tener tiempo, entre sus mudanzas, las visitas a su familia, a la familia de su compañero... para mandar a sus muchos amigos una felicitación personal. Tampoco sabe si tendrá tiempo para vernos a todos.

...

El año pasado creía que era transitorio, que iba a curarme. Ahora ya sé que el bicho está aquí para quedarse, y que la boca de la campana de cristal se irá cerrando un poco más cada vez.


Me pregunto si no le gustaría hacer una Navidad justo lo contrario, para tener tiempo de sobra que perder. Sé que soy injusta con ella, que tengo su amor allí lejos. Pero no me siento bien viendo a mi madre con sus amigos, a D'Artagnan enviando 20 correos de afecto a la vez...

Definitivamente, me toca Diario.

Jubilados

Si quería ver a mi madre, no tenía más remedio que irme a comer con sus amigos. He ido, porque ver a tu madre en su visita a Madrid es una excusa soberbia para comer de gorra con una gente estupenda y reírte de lo lindo.

Mi madre tiene mucha suerte: lleva cuatro años prejubilada, todos sus amigos y amigas del trabajo han ido yéndose a casa, y siguen quedando periódicamente; se escriben e-mails, y hacen una comida en Navidad en la que juntarse los 14 (diez prejubilados y cuatro activos), donde cabemos los niños de entonces, que fuimos criados por el grupo, y que le debemos a la Compañía una cantidad vergonzosa en fotocopias y artículos de papelería.


Lo he pasado muy bien. Me alegro de verles de vez en cuando. Cuando yo tenga la edad de mi madre, no disfrutaré de unas comidas como esta.



Creo que hoy es mi Diario quien me reclama.

martes, diciembre 14, 2004

Un buen día

Después de una mañana de trabajo realmente agradable (pocas profesoras pueden permitirse presumir de zapatillas de ganga compradas en Birmingham con sus alumnas de Bachillerato); y de un buen cola-cao con el resto de mis compañeros (sí, los profes tomamos cola-cao, ¿qué pasa?), he venido a casa.He actualizado este diario con mis recuerdos de ayer.

He tendido la ropa. He preparado la plancha para mañana. Me he lavado a fondo, y he cocinado algo para comer. He pasado la tarde añadiendo cosas al blog, navegando por la Red, visitando nuevos sitios y viendo en DVD mi serie favorita. Quizá tenga ganas de escribir un poco más esta noche.

Así que Herbert West ha ido a descansar a su casa. Yo leeré y (espero lograrlo) dormiré sola. Y mañana me levantaré muy temprando yo solita.


Sólo con pensar en todo esto, en que hoy en mi viejo diario de papel no he escrito apenas anotaciones médicas sobre mi interior, ya considero que este ha sido un buen día. Más que bueno.


El demonio sigue aquí. No está dormido. Pero hoy no me ha molestado apenas. Entra luz a través del cristal.

Mucho ruido

Ayer, a punto de irnos a casa, tuve un flash de lucidez. Cogí la mano de Herber West y le dije:

- Llévame a la Plaza Mayor a ver los puestos.

Y fuimos. Comimos castañas, buscamos en vano una figura nueva para el Belén de mis padres, y nos reímos de las caretas para niños de Bin Laden (las había también de Blancanieves, pero eran muy siniestras).

Estuvo bien. Reí mucho, abracé sus brazos, y él me abrazó a mí, y me sentí segura como cuando me llevaban mis padres de pequeña, cada Navidad, hace demasiados años. No fue como estos últimos días en las tierras cercanas a Avalón, pero al menos, Madrid me parece algo menos agresiva que antes de irme, y que cuando volví.


Sigue habiendo demasiado ruido a mi alrededor, de todos modos. Ruido en forma de emociones, de diálogos demasiado intensos, o demasiado rápidos. Y el ruido me hace mucho daño. Lo bueno de ayer fue, precisamente, ser consciente de todo eso, sufrirlo y, a la vez, poder sonreír.

lunes, diciembre 13, 2004

Notas de viaje

Ha pasado ya casi una semana, pero es muy poco lo que puedo decir. Amo Inglaterra. Amo su olor a humedad y curry; el té por la calle; la sonrisa de la gente. Amo a los amigos que tengo allí. Amo su luz fría, sus paseos cálidos.


Han sido los mejores días de mi vida en el último año. Los más amables. Los más vibibles. Cada día que pasa me siento más extraña en Madrid, a la que quiero tanto, pero que cada vez tiene una colección mayor de malos recuerdos que ofrecerme en sus calles.


¿Qué pcdría decir? ¿Qué disfruté de cada baldosa de Birmingham? ¿Que merecieron la pena las horas de tren hasta Londres para diluirme en mi cuidad, para abrazar a Me. y ser abrazada? ¿Que la soledad de mis paseos me fue soportable, digna, alegre? ¿Qué el conductor Víctor me habló de España y me dio consejos durante la madrugada, mientas su autocar me llevaba al aeropuerto; y me recordaba cuán poco tiempo me quedaba por respirar su aire gris, tan frío, tan cálido? ¿Que allí fui querida? ¿Que me sentí feliz?


¿Hay manera humana de contar todo eso?

sábado, diciembre 11, 2004

Una tarde con Próspero

Fue el lunes. Ent me había aconsejado visitar Stratford-Upon-Avon mientras él trabajaba. El pueblo no está lejos de Birmiingham y para mí no hay excusa mala para viajar en tren; ni siquiera la mala fama de los transportes públicos ingleses (lo siento, Ent. Nos confabulamos la red de ferrocariles y yo para dejarte por los suelos :)

D'Artagnan me había definido Stratford como un bonito lugar, aunque "temático". Y lo es, en cierta manera. Pero elegantemente temático. Y es cálido, a pesar de visitarlo en diciembre. Y huele a té, a hojas caídas y a unos bollos riquísimos que me hicieron olvidar las medicinas por un día. Ya me gustaría que Daimiel o Alcalá de Henares fueran la mitad de temáticos que Stratford, si eso les hiciera más bellos, y a nosotros estar más a gusto.


Aquella noche nos reímos mucho, porque tenemos el mismo rincón favorito en la orilla del Avon. Ent no me había dado ninguna pista más del pueblo; y después de cenar me enseñó una fotografía de "su rinconcito".

- ¿Es este? :)





Comí allí, bajo la mirada de la Iglesia de la Trinidad, recostada en un árbol. Antes había caminado hasta la orilla del Avon a lo largo del antiguo huerto de los Shakespeare. Me sentía en paz, como si, en el momento en que saliera del claro, la Tempestad volvería a arrastrarme. En la orilla de enfrente, un perro jugaba a espantar a los patos y a los cuervos.


Entonces le vi, junto a mí. Era muy viejo, y no tenía el plumaje blanco de los cisnes, sino de un color rosado, menos "elegante", pero mucho más hermoso y puro. Me miró con unos ojos increíblemente sabios y viejos, y me exigió un tributo. No era un pájaro doméstico cualquiera mendigando miguitas de pan. Era el dueño de aquel río, y yo había invadido un área privada. Compartí mi pan con él, pero Próspero me exigía dónde debía dejárselo para sentirse a gusto.

Cuando se acabó la comida, se quedó observándome un rato. Otros pájaos que habían venido a por miguitas se fueron entonces. Pero creo que al viejo Próspero le caí bien. Le agradecí su respeto. Y no tomé ni una sola fotografía de él.



Caía la tarde cuando Próspero se fue hacia los canales, río arriba, indicándome que debía volver al mundo real. Y así lo hice. Tome mi té, compré un cuaderno y mi ejemplar de La Tempestad como recuerdo. Saqué unas fotos y disfruté de otro paseo por un sendero a las afueras, sin una sola placa conmemorativa shakespeariana. Cogí mi tren de vuelta y abracé a Ent cuando le vi en Birmingham.



A veces es tan fácil sentirse feliz.

jueves, diciembre 09, 2004

Los exámenes de la Primera Evaluación están corregidos. ¡Y BS ha aprobado! :)

miércoles, diciembre 08, 2004

Bueno, estoy en casa

Han pasado apenas unas horas desde que he dejado la maleta en el pasillo. Ent y D'artagnan, no os he dicho en mi e-mail que, desde que aterricé, ya os echaba de menos.


Me esperan unos cuantos posts, hablar aquí del Avon, de Próspero y de Vic. Del Swan, de las luces de Picadilly, del zumo de lichees, de mi querido Me., tan noble y tan resuelto como siempre. Del color del cielo, de la sonrisa tranquila de la gente. Y del Pasanda.


Y de un ejemplar de La campana de cristal como regalo. Y de abrazos. Y de esperanza.

viernes, diciembre 03, 2004

Camon walk to me...

... Talk to me, tell me your stories. I'll do my very best to understand you.

Allí voy, mis queridos amigos. Mi querida Londres. Mi Montaña Mágica.

Os deseo a todos felices días.

jueves, diciembre 02, 2004

Empaquetando

Mañana a estas horas estaré en el aeropuerto. No es un viaje a Inglaterra como los habituales. Sin musical, sin visita al Forbidden Planet. Sin compras en Camdem. Sin el Soho. Sin Herber West.

Esta vez apenas pisaré el suelo de Londres, la ciudad donde quisiera huir y perderme. Es un lugar a donde pertenezco. Desde la primera vez que la visité, conecté con ella. Con su otoño eterno, con sus sandwiches; con la particular calidez de su gente, menos ruidosa que la nuestra, y más sincera.


Pero se trata de un viaje terapéutico a las Midlands. Ent y D'Artagnan van a acogerme unos días en su casa de Birmingham. Y sólo tengo claro el billete de avión y los de autobús. No sé qué me espera allí, ni a dónde iré, ni si saldré de la casa y me dedicaré a mirar por la ventana y escribir aquí. ¿Qué le espera a alguien como yo en la ciudad que presume de poseer el mayor centro comercial del planeta?

Una casa. Dos amigos.

Calor, para variar.

miércoles, diciembre 01, 2004

Día de examen. BS. no está. Me imagino su pánico en casa, el temblor. Ayer veía mis ojos fijos de las crisis en los suyos.

- E., ve a secretaría y llama a BS. Dile que YO he dicho que venga. Que venga tarde y ya veremos si puede hacer el examen.


Y a BS. le traen en coche y sedado hasta las cejas. Tiembla. Le meto en mi aula. Le entrego el examen. Le explico la metodología. Le quito el abrigo, que se ha olvidado de que lo lleva puesto.

Media hora después se pone a temblar más y más y me da las dos hojas emborronadas, y se va a la puerta. Y entonces se me olvida cuál es mi personaje allí, y le abrazo, y le hago sentarse y escribir, y le doy un beso, y le digo muy bajito:

- Si la dejas, ella te devorará. Estoy aquí, y estás tú, y no la vamos a dejar que te gane, ¿vale? Vamos a demostrarle que mandas tú, no ella, ¿eh, B.?


Y termina el examen. Seguro que las dos hojas rellenas no llegan al cinco. El chico lo sabe y yo lo sé, pero los dos estamos contentos.

-¿Ves? Has ganado. Poco a poco.


Y B. se emociona y me sonríe antes de salir:

- Blue Thing... _ Y yo le sonrío también.

Lloro ahora, porque B. no sabe que mi ayuda no tiene mucho mérito; que me veo en él, en su psicosis, su medicación, su sufrimiento constante, habitualmente sin ruido para nadie. B. no es de los de brotes. Pero yo sí puedo oírlo. Y he sacado la katana para que el chico le diera un tajo a su demonio de mi parte. Hoy ha ganado él.


Qué fácil es a veces.

Oídme, vosotros, cuerdos del cibermundo, ¿véis qué fácil es ayudarnos?