viernes, octubre 19, 2007

"¡Con la pierna, con el cuerpo, échale corazón, hostia, que no estás ahí!"

Me quiere mi sensei, ¿eh? ;)

He vuelto por fin a los entrenamientos de kendo después de más de dos meses de baja y dos más de viaje por Irlanda. A pesar de cierta fobia que, mi lóbulo frontal sabrá por qué, asocio con la rutina de coger los trastos y llegar al Dojo, pocas veces había tenido más ganas de llegar.

Qué dolor. Qué cansancio. Qué gozada.

Han tenido que pasar tres años para que entienda lo fundamental del entrenamiento. Manda narices.

Mucha gente, acostumbrada al ejercicio diario y con más experiencia en Artes Marciales, suele quejarse de cuánto les cuesta desarrollar la actividad sin cansarse. Intentas mantener el tipo, pero sabes que no eres el único que se está muriendo porque puedes oír los jadeos de al lado. El kendo es cansado, duro, anaeróbico y, si no eres alguien de progreso rápido (yo no lo soy), frustrante.

Y cuando, mal que bien, consigues coordinar pies y brazos, llega P.-sensei y te grita dice lindezas como la del título mientras te mete la del pulpo. Pero no puedes pensar porque después, por muy inútil que te sientas, viene otro combate.

Entonces descubres que el cansancio desaparece sin más. No es que dejes de estar cansado, es que estás tan cansado que ya ni sientes. Es el instante en que dejas de pensar. Y es cuando sólo haces kendo.

No te concentras en practicar, en el consejo que has recibido, o en la dirección de tu espada. Sólo practicas. Pero hasta el martes no me había dado cuenta del gozo que se experimenta si eres consciente de ese momento.


Mi primer día en el Dojo, cuando todavía entrenábamos en el gimnasio Tora, ni yo misma daba un duro por aquel cuerpo blando, gordo y desentrenado que no aguantó ni una hora sin desmayarse (literalmente) en chandal. Y entonces, llegó P.-sensei y me dijo "¿Sabes lo que me decía siempre mi maestro? 'Cuando estés completamente agotado, entonces, harás kendo de verdad'".

Me ha costado, ya digo, tres años entender el significado de esa frase. Pero ha merecido llegar al momento en que desapareces y sólo queda la espada. De verdad.

Así que si alguien está pensando que "no vale para" o "no sirve" o "no es bueno" (da igual si estamos hablando de Kendo o cualquier otra cosa), antes de decidirlo, quizá debería esperar a ese momento.


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