jueves, agosto 30, 2007

Lo mejor de pasear estos días por Galway es la sensación de recuerdo. Le voy enseñando a Herberwest esta ciudad casi baldosa por baldosa. Se descubre todo, claro: ahora me fijo en la oficina e servicios sociales, en los cursos que sé que no voy a hacer, o en las políticas de integración. Me fijo en las obras que están renovando los canales, y en los cormoranes que viven en la bahía. He buscado a la grulla azul que vivía en Nuns Islands, pero no ha venido, o se ha marchado, o quizá murió de vieja. Pero los cisnes siguen igual: de hecho, este año vuelan.

Incluso, como la primera tarde aquí, acabo repitiendo las fotos, con los mismos encuadres que tomé el año pasado. Esta ciudad tiene vistas que no cansan. Hasta algunas personas me resultan familiares.

Lo único que echo de menos es el teatro: a partir de la semana que viene, cuando estemos partiéndonos el lomo en Glebe House, los Druids volverán a la ciudad con Largo viaje hacia la noche, y empezará el ciclo de cine. Además, Herber todavía le tiene un poco de miedo al inglés.

Cucharadas de irlandés para hoy

(cortesía, como siempre, de GEM sugar)

Is deacair ceann críonna a chur ar cholainn óig
Es difícil poner una cabeza sabia sobre hombros jóvenes.


Ní heaspa go díth carad
No hay mayor necesidad que la falta de amigos


Ní dhéanfaidh an saol capall ráis d'asal
No se puede sacar un corcel de carreras de un burro



Me preguntaba yo ayer si iba a ser capaz de tomar alguna fotografía que mereciera la pena de la bahía de Galway después del tiempo tan bueno que me hizo el año pasado. Pero me equivocaba:
atardecer en salthil. Al fondo, Moher

Quizá debería dedicarme a la venta de postales por eBay...

miércoles, agosto 29, 2007

Alive, alive Oh! II

o en cristiano y sin ramalazo folk, que que hemos llegado bien.

Llegamos ayer al aeropuerto de Cork. Tras un almuerzo y un paseo con Shilmarien, compañera de Bookcrossing España y mi lectora y fan número 1, cogimos el autobús a Galway y hemos pasado la noche y el día disfrutando de ella. No hay ningun curilla a la vista.

Me encanta esta tierra.


lunes, agosto 27, 2007

Empacando a la segunda

(para mí, tercera, contando el septiembre pasado)

Ayer tuve pesadillas relacionadas con aeropuertos, tempestades, discapacitados, porridge y ¡con mi Senpai de Kendo! (lo siento, Tatsu-senpai, no sé por qué apareciste echándome una bronca). No tengo el cuerpo ansioso por salir de viaje esta vez, lo que significa que el tortazo que supuso el último no-campo de trabajo ha sido fuerte, a pesar de todo.

Pero mañana marcho a Irlanda, a mostrarle a Herberwest las maravillas de las que fui testigo el año pasado. Esa será mi venganza de los usureros de la solidaridad, que ni ellos puedan estropearme su país.

He recopilado las últimas cucharadas de irlandés que no tuve fuerzas para publicar aquellos días:
Níor bhris focal maith fiacal riamh
(Una buena palabra nunca le rompe los dientes a nadie)

Ní hí an áilleacht a chuireann an corcán ag fiuchaidh
(La belleza no calienta el caldo en la olla)


Cork. Galway. Aran. Doorus, si podemos. Belfast, Strangford, Downpatrick, Portaferry si me puedo escapar. Delfines, focas. Templos más antiguos que el mundo. Donde, por ese extraño milagro que desde pequeña me ha unido siempre a la isla mágica, empezaré mi segundo Ramadán. En su suelo empecé el primero.


Hago mía la oración de Sara de hace unos días:

‘Allaah is the greatest, Allaah is the greatest, Allaah is the greatest, How perfect He is, The One Who has place this (transport) at our service, and we ourselves would not have been capable of that, and to our Lord if our final destiny.

O Allaah, we ask You for birr and taqwaa in this journey of ours, and we ask You for deeds which please You. O Allaah, facilitate our journey and let us cover its distance quickly.

O Allaah, You are The Companion on the journey and The Successor over the family, O Allaah, I take refuge with You from the difficulties of travel, from having a change of hearts and being in a bad predicament, and I take refuge in You from an ill fated outcome with wealth and family.’

Tierra llamando a Elentir

Amigo gallego, si no te han gustado mis tres últimos comentarios no pasa nada: al fin y al cabo tienes derecho de moderar lo que quieras.

¡¡Pero es que ahora no puedo entrar en tu blog!! :(


Estoy segura de que es un problema de configuración del servidor, pero echale un ojo y cuando lo arregles tírame un comentario o algo.

Y ánimo, que cosas más gordas nos han dicho a todos.

sábado, agosto 25, 2007

En obras

Sí.

Quise hacer un apaño y perdí la información de la plantilla, así que tengo que meter la columna lateral datito a datito.

Por cierto, si alguien sabe el código para poner dos columnas en vez de una (Gran Pepino, no conseguí que funcionara, una se iba al fondo) y el de los últimos comentarios, me sería de gran ayuda si me echa una mano en los comentarios. Ya puestos...

viernes, agosto 24, 2007

Meneando

Aprovecho un rato libre (nos hemos venido a Miguelturra antes de volver a Irlanda y, como siempre, estar aquí es un no parar de planes paternos) para enlazar algunas de las noticias más tremendas sobre salud mental que han aparecido estos días y que he meneado en Sabemos lo que queremos:

  1. ¿A quién le gustaría con 30 años que le llevaran de vacaciones de 90 en 90 (o de 40 en 40)? ¡Pues a ellos tampoco!
  2. Izquierda Unida reclama que haya atención de salud mental en las cárceles andaluzas... o sea, que todavía no la hay.
  3. Las bondades de la luminoterapia: mira que me habrán dicho barbaridades cuando he propuesto que las terapias naturales formaran parte de los tratamientos para enfermos mentales, dados los efectos de nuestras medicaciones. Ya he dejado de contar las veces que he oído hablar de superstición y magufadas... hasta que el señor Punset llevó a su programa la nueva Lamparilla Filosofal para curarnos a todos (y atarnos en las tinieblas). Madre mía...




... bueno, y que tengo desde hace tres semanas terminado un nuevo episodio de mi obra inconfesable, ya sabéis, ejem... :)

(y a los que ya lo habéis leído podríais comentarla, cognes)

martes, agosto 21, 2007

Moscones residentes

Vale que han pasado años desde que venía haciendo la vista gorda, pero ¿qué tal si te lo curras un poco más y dejas de visitarme desde el trabajo?

el críptico retrato de un visitante inesperado
¡Venga, a currar, que hay que levantar la sociedad capitalista!


(ahora resulta que tengo otro lector que trabaja en el mismo sitio y la cagamos...)


lunes, agosto 20, 2007

"¿Y has probado a encenderlo?"



via Sachete, pezón blanco de categoría superió.

Dedicado a Marcelino, Toni y todos los que intentan razonar un pelín con estas cosas de Internet, el software y demás grandes himbentos de la Humanidad (y a todos los helpdesk, claro).

sábado, agosto 18, 2007

Coda

En el post anterior no he dado las gracias como se merecían a toda esta gente (los links luego, que está la casa patas arriba):

A Allah Subhana T'aala, Massallah no dejé de sentirLe nunca lejos de mí.

A los Pezones, con Piezas a la cabeza como hilo transmisor. ¡Iba en serio, condenados! Pero luego demostraron que ésto es una movilización cívica que más quisieran algunos ;)

Nacho Escolar y otros lectores de su blog, que transmitieron su preocupación por mí via Piezas, además de buscar un sitio donde pudiera quedarme en algún lugar de Erin.

Por lo mismo, a Shilmarien de Bookcrossing España, a la que espero ver pronto en Cork; a Nia y a Rozonda, que buscaron ayuda a través de foros para que encontrara refugio cuanto antes.

A Nacho de De Amicitia, por sus ánimos y eterno buen consejo.

A Herberwest, por ayudarme a no perder la calma cuando las estadísticas indicaban que iba a brotar como un cerezo del Jerte ;) Y a mi cuñada por venirme a buscar al aeropuerto.

A mi madre, por comprenderme cuando la llamé... desde Dublín.

A Krystina, Samira y Elizabeth, mis compañeras voluntarias que supieron animarme a dejarlas aunque no quiesieran.

A Declan, Marion, Valérie, Annie, Mary, JJ., Aisling, Ben, Joe y los huéspedes de Dunammon que me dieron su compresión, su apoyo y cariño cuando era supuestamente yo la que tenía que cuidarles.

A Ent. y D'Artagnan, por ofrecerme, como siempre, su amistad incondicional, su casa en Inglaterra y lo que hiciera falta.

Estos momentos te hacen recordar cuántos amigos tienes, leches.

Buochais a todos, agus Sláinte.

jueves, agosto 16, 2007

La montaña mágica

Este es el castillo. ¿A que dan ganas de pasar aquí las vacaciones?
Castillo de Dunammon, Co. Roscommon. 5 de agosto de 2007
Conozco a mis compañeras gracias a un envío mutuo de nuestros e-mails via la oficina irlandesa del SCI. Quedamos en la estación de Connolly y viajamos juntas. Son K., de la República Checa; y S. de Alemania. 18 años, primer viaje solas, primer campo de trabajo. Así que ponen nerviosas, normal. Y S., normal también, se desmorona cuando el tren que debía dejarnos en Roscommon para a mitad del andén y las puertas del vagón no se abren en tres intentos. El tren se marcha sin dejarnos bajar.

Me disfrazo de mujer madura y sabia, doy un tirón al freno de emergencia. Unos diez minutos después de parar el tren, el conductor aparece por fin (menos mal que a ninguna le había dado un infarto): está completamente seguro de que las puertas se abren y de que él nunca para dejando un vagón fuera de la estación. Completamente seguro. No va a dar marcha atrás. Y cuando le repito que no le pedimos eso, sino que nos abra la puerta, que la estación está a cien metros y nos esperan, nos dice que eso no se puede hacer porque no hay andén. Claro, le respondo, como en Roscommon. Se va sin abrirnos y hacemos tiempo hasta Castlearea, donde busco una cabina y dejo un mensaje en el contestador de Cuisle Centre, donde llueve como si viniera otro Diluvio y donde el jefe de estación y los dos taxistas locales, con la tradicional cortesía irlandesa, nos hacen compañía y confirman la llamada para que vengan a buscarnos. No imaginamos, ni ellos ni yo, cuánto echaré de menos esa cortesía tres días después.

Cuando llegamos, casi a medianoche, nos tienen preparados unos sandwiches y té. Hay fiesta en el bar y conocemos a E., de Viena, la cuarta voluntaria; y a Mic. y Marr., dos cuarentones que también hacen gala del humor irlandés a pesar de su diversidad intelectual. Me gustan, a pesar de la precaución excesiva de la madre de Marr. Nos presentan al grupo como parte de la gente con la que vamos a trabajar. El dormitorio no está demasiado mal, y pasada la medianoche consigo dormirme.

Ah, nos entregan un fajo de folios donde añaden información que no estaba en la hoja de ruta del campo: leemos que la jornada de trabajo es de 8:30 de la mañana a medianoche, y que estamos obligadas a organizar una actividad de ocio nocturno por voluntaria, que hay que proponer en el formulario entregado al respecto junto a unos horarios y formularios de horas trabajadas que hay que entregar al final del campo. Suponemos que la cosa se flexibilizará al día siguiente, como suele pasar en todos los campos de trabajo. Además, estamos demasiado cansadas (K. ha estado viajando 26 horas por Europa para llegar hoy) como para empezar a cabrearnos.

6 de agosto de 2007
Bueno, pues estoy en Lourdes.
vista desde el comedor

Y como en Lourdes, tengo, tenemos (las cuatro voluntarias) un curilla encima. Y de los laicos, que son los peores.

Se nos presenta como F., manager del Centro. Parece que estamos a su cargo. En todo el día, se muestra totalmente incapaz de explicarnos qué hemos venido a hacer aquí: le vemos un par de veces por la mañana y durante el almuerzo. Como se nos había explicado en la hoja de ruta que nuestro deber era "socializar" con los huéspedes, nos dedicamos a hacer eso: se supone que la cosa va de mezclarse con ellos y animar y normalizar su estancia. Aunque me pregunto por qué rayos no normalizarla del todo y dejar que cualquier discapacitado pueda irse de vacaciones a cualquier hotel, y no a esta colina que parece estar en medio de ninguna parte. Hasta aquí bien, en todo caso: ya nos lo contaron antes de venir.

Lo que no nos habían contado es que la jornada abarca desde las 8 de la mañana hasta las 12 de medianoche; que ayudaremos a fregar en la cocina después de las comidas; y que tenemos que planificar semanalmente las actividades que vamos a organizar para entretener a los huéspedes y entregar las propuestas por duplicado. Pero que esa planificación no se lleva a cabo en prácticamente ningún campo de trabajo (en las propias palabras de F., que por fin nos reúne a las 4 de la tarde, una hora después de haber quedado con él), pues los planes, aquí, suelen cambiar "a cada minuto". Así que, según él, lo mejor es que estemos todo el día "ojo avizor" (ear on the ground) y que nos ocupemos de socializing con todos los huéspedes posibles: no nos está permitido pasar más tiempo con unos que con otros ni entablar amistad con ellos. El tiempo ha de estar repartido por igual entre todos los huéspedes. Espera nuestro planteamiento por escrito de la semana que tenemos por delante.

Le decimos, unánime y espontáneamente, que va a ser que no.

Gracias a Dios tengo junto a mí a una alemana y una austriaca. Obedecen al tópico y encuentran bastante contradictorio planificar (¡individualmente y por duplicado!) unas actividades de ocio que no sabemos si podrán llevarse a cabo. E., que es veterana como yo, empieza a ver varias cosas que no coinciden con lo que nos habían contado. Además, se nos exhorta a divirnos en equipos... cuando somos cuatro.

Repetimos: va a ser que no.

Y F. nos responde con una gran sonrisa que, en todo caso, si no nos sentimos cómodas con esa forma de trabajar podemos marcharnos en cualquier momento. Pero como nos ve dispuestas a decir "vale", tras un instante "hemos" decidido por "consenso" que bueno, que lo de entregar por duplicado la propuesta quizá no haría falta, y que podríamos planificar las actividades en grupo, si queremos.


La cosa es que los huéspedes que hemos conocido son, en general, irlandeses encantadores que aceptan cualquier mano que les echen; pero que, al fin y al cabo, ha venido aquí de vacaciones con sus parejas, sus familias y sus amigos y se las apañan perfectamente para divertirse solos.

Esta noche conozco a Marion, una señora mayor con discapacidad intelectual. Y ya me ha dicho que muchas gracias por invitarla a bailar (ha venido un cantante country sin que lo supiéramos), pero es que le gusta sentarse tranquilamente con su coca-cola, pero que Dios me bendiga ("voluntaria, ¿verdad?").

Pasada la medianoche aún no tenemos zorra la idea de qué vamos a hacer mañana, salvo ayudar a secar los cubiertos y socializar con unas personas que se socializan ellas solitas perfectamente.


Pero como esto es Lourdes, también hay milagros.

El milagro se llama Faith & Light. Es una organización católica de padres, amigos y personas con diversidad funcional intelectual y dificultades de aprendizaje... pero no tienen nada que ver con los curillas que nos rodean. Muy carismáticos ellos, se pasan el día rezando ("Mar., no encuentro a tu madre..." "¿Mi madre? No sé dónde está: pero donde esté, ¡te aseguro que estará rezando!! JOJOJOJOJOJOJO"). Pero puedes rezar con ellos, y nos han dado una más que cálida bienvenida.

Nos hemos enterado de que NO son los huéspedes a los que atenderemos, tal como F. nos dijo anoche, pero los dos días que les quedan de estar en el Centro quieren compartirlos con nosotros; y decidimos acompañarles en su misa (que, paradójicamente, no celebran en la siniestra capilla del castillo, sino en la sala de ordenadores).

Se siente el Espíritu entre ellos. Nos encanta la misa. Les encantamos. Marr., Mic., MK, P. con su violín. Me encuentro con sus abrazos, sus direcciones, una oración para que les recuerde en mis Salat, sus saludos para los españoles que sufrieron "las bombas aquellas". Me dicen "¿cómo vamos a juzgar a los musulmanes por musulmanes, cuando nosotros no podíamos ir a la escuela en mis tiempos por ser católicos? ¿Vamos a hacer lo mismo ahora en este mundo loco?"

Me invitan, por fin, a participar en su próximo encuentro en España, que suele ser cada año. Mary, qué mujer: mientras ella y las otras madres rezan, sus hijos beben cerveza, fuman, cuidan unos de otros y se comportan como adultos.

6 de agosto de 2007
¿Cómo hablar de una misa _¡¡y una misa irlandesa!!_ en la que me han dedicado una pieza de violín, y he batido palmas, y he dado gracias a Allah por Su Inmensidad, Su Infinitud, Su Inabarcable Amor por todos los seres que habitan en los mundos?

No sé por qué los católicos necesitan la comunión después de que P. decidiera incluir una tercera interpretación, sólo porque pensaba que me lo merecía después de felicitarle por su interpretación de "The Sally Gardens"... a mí, una completa extraña a la que (perfecto irlandés) ha decidido incluir entre sus hermanos y hermanas.

P. tiene más o menos mi edad. Sufre, creo, algún tipo de autismo. Ha decido aprender a tocar el instrumento más difícil que conozco, el cabrón. Le saldrá bien un compás de cada cinco, pero el que le sale bien... ¡¡ay, amigos!! Su madre me ha cubierto de besos, y él (TAN guapo) me ha dado un abrazo.

Y antes de irse, Mary, la organizadora, me ha regalado, en nombre de todas, una matrioska. Y su dirección [aún me emociono al verla aquí, mientras transcribo].

Alhamdulillah Rabbi'l Almin, Subhana Allah!

Él sabe.


7 de agosto de 2007
Vuelve a llover como si se acabara el mundo.

Esta noche, K. ha empezado a tener pesadillas. No puede dormir sola. Pensaba que era yo la única que estaba teniendo malos sueños (y me ocupé de recalibrar mis dosis de Lormetazepán), pero ahora parece que no es cosa de mi cabeza, sino del cansancio que se nos acumula.

Un par de excursiones a cuál más surrealista, en la que, en nuestros "equipos" de a dos llevamos a los huéspedes al santuario de Knock (la Fátima local) y al centro comercial de Athlone, lo más parecido a un lugar de ocio en 20 kilómetros a la redonda. Es, más o menos, como el salón de mi casa, sin contar el Tesco y los cines: debemos acompañar a los huéspedes en sus compras por las rebajas. Ayudo a A. a comprarse un bolso y una camiseta. Cuando su amiga M. necesita ir al baño... resulta que las asistentes personales han desaparecido del centro comercial. Doy aviso al conductor y me dispongo a ir con ella al lavabo.

Se supone que los voluntarios no asistimos a los huéspedes en sus necesidades y que para eso están los AP, los carers, pero si no hay carer... ¿se mea encima, la mujer? En el último momento aparece una de las AP y lleva a M. al baño. Salimos del centro comercial media hora después.


Hoy nos ha tocado una nueva reunión con F. en la que hemos propuesto nuestras actividades de ocio: La Palabra del Día, aprovechando que entre todas podemos hacer algo divertido con el alemán, el checo, el francés, el español, el irlandés y el italiano. Solicitamos también hacer un taller de música, ya que dos cantamos, una toca el piano y otra la guitarra; y proponemos que, en lugar de tocar para los huéspedes como se nos pide, intentemos que ellos nos enseñen música irlandesa para llevar a cabo una actividad interactiva. A F. le parece una idea genial: nos indica que, para llevarla a cabo, ya que no hemos traído nuestros propios materiales, deberemos preguntar uno por uno a cada miembro del personal del centro (unas 50 personas) para que nos faciliten material. En todo caso, añade, no cree que nadie nos vaya a prestar una guitarra porque es algo delicado; pero vienen músicos country cuatro noches a la semana a tocar para los huéspedes. Otro día hay bingo y otro karaoke, así que no es necesario que llevamos eso de la música a cabo. Empezamos a preguntarnos por qué hemos de tocar para los huéspedes cuando todo el mundo toca para ellos.

Al proponer nuestra siguiente actividad, la reunión se enrarece un poco más aún: las chicas quieren visitar Galway en alguno de nuestros dos días libres (se supone que tenemos derecho a dos por semana), de los que todavía no hemos hablado. De hecho, no tenemos tiempo de ocio personal propiamente dicho durante el día.

Total, que como hemos conocido a varios adolescentes hoy (E., la hija de Ma., totalmente paralizada y fumadora empedernida; y los gemelos, con parálisis cerebral también), hemos pensado que podríamos organizar una salida a Galway para ellos, ya que la mayoría de los huéspedes tienen más de 40 años; y el grupo de la fundación Delta, personas con diversidad intelectual profunda, ni siquiera nos habla. F. nos responde que para organizar esa actividad tendremos que pedir a un conductor y a dos carers que nos acompañen en sus días libres de la semana y alquilar uno de los microbuses del centro; que las excursiones de la tarde ya están programadas (aún no sabemos cuáles son) y que estas reuniones no son para programar nuestras vacaciones, sino las de los huéspedes.

Intervengo: le digo que esa aseveración dirigida a S. está fuera de lugar y no es apropiada. F. sonríe ampliamente y echa marcha atrás: por supuesto que lo hacemos con nuestra mejor intención, pero no es necesario. Los gemelos conocen Galway, él mismo les llevó hace años en un día libre; y los otros huéspedes lo pasan muy bien yendo de compras al centro comercial o en el bingo: ¡hoy vamos a llevarles a la bolera! Además, nos explica F. cómo funciona el Centro: cada huésped, con o sin discapacidad, paga 65€ diarios por una habitación compartida con baño en pensión completa. Si solicita los servicios de un AP porque no trae el suyo, éstos le costarán 10€ la hora. En caso de no ser socio de la IWA, sube a 75 euros. Tal coste, muy económico para personas cuyas rentas suelen ser, como en España, muy bajas, sería imposible de cubrir en un hotel, donde ni siquiera tienen ortopedias adecuadas como bandejas de comida o grúas de baño, y donde no hay personal especializado para limpiar o alimentar. Sencillamente, no podemos organizar excursiones más allá de la bolera o el centro comercial por ese precio. El coste no cubriría los gastos.


En la bolera pasamos hora y media de reloj: cada tiempo de juego vale dos euros. Las carers y F. se van a echar un cigarrillo y vuelven a dejarnos solos con los huéspedes. Afortunadamente, una de ellas se queda, aunque no le hace ninguna gracia dejar su café para llevar a A. al servicio; y Declan, un huésped con daño cerebral que llegó ayer, ayuda a Marion a tomarse una taza de té, que es lo que más le gusta del mundo.

El dinero se acaba cuando la partida va por la mitad. No sabemos quién gana: volvemos al Centro inmediatamente. Esa noche, rodeados de música country, conocemos a Séamus, del Delta, pero apenas podemos hablar con él porque su trabajadora social se lo lleva literalmente a empujones a la mesa donde están sentados.


8 de agosto de 2007
Vuelve a diluviar. J., el hermano de Ma., toca la guitarra y el violín y decidimos, por nuestra cuenta, hacer una jam session matinal para entretener un poco a la gente.

Viene a visitarnos E., voluntario del SCI irlandés. Quiere que tengamos una reunión para presentarnos el SCI. Yo digo que paso de reunirme. El., como buena austríaca, se sobresalta: ¿voy a desobedecer una orden? Sí. Está lloviendo, no hay nada programado, y la gente se lo está pasando bien con la música. Se lo hago saber a E., y curiosamente, considera que es mejor ponerse al servicio de los huéspedes y reduce el tiempo estipulado para la reunión a lo más básico.


Al final me ablando y subimos todas. Nos explica la historia del SCI: es un voluntario experimentado, dice, con más de un año de permanencia. ¿Y nosotras? Siete y cinco años, respectivamente, contestamos El. y yo. Varios meses K. y S. Apartamos la Historia del SCI. ¿Por qué no nos dividimos en equipos (las cuatro) para hablar de nuestras motivaciones para hacer ese campo? Pues... es que ya lo hemos hecho. Lo hicimos el primer día, sin que nadie nos lo preguntara, por cierto. Vaya. "Pues entonces (dice Em.) no sé qué es lo que vamos a hacer". Al final hablamos de todo un poco: de la Historia de Irlanda, del proceso de paz, le prestamos el periódico y le llevamos a almorzar con nosotras. A venido a pasar un día con los voluntarios, pero ha llegado a las 11 y se irá a las 2.

El. y yo tenemos que acompañar en otra excursión a un grupo de ancianos adorables. Vamos a King's House, en Boyle. Sus asistentes nos hacen el trabajo muy agradable y nos han regalado a las cuatro como medio kilo de bombones.

Un paquete baja al bar y se reparte entre los huéspedes. Una joven del Delta coge dos y me toca la mano. Le obligan a decir "gracias". Salgo en su defensa y le digo a las dos cuidadoras dos que se sientan una a cada lado que no es necesario obligarla, que ya me ha cogido la mano. Que son tal como son, y que está bien así.

Davie y Séamus se liberan de sus trabajadores y vienen a nuestra mesa. Esta noche hay bingo, pero conseguimos no tener que jugar. Séamus insiste en invitarnos a una pinta, pero se conforma si le pedimos simplemente un vaso de agua. ¡Le encanta traernos agua! Davie dibuja espirales en mi diario. Su tutor me advierte de que no le dé bombones, pero él ya me ha dicho que no puede tomar cacao. ¿En serio? ¿Me lo ha dicho él de verdad? ¡Pero eso es genial! Disimulo cuánto alucino con esta gente, y escribo esto en mi diario:

"Si algún padre o madre irlandés lee esto alguna vez por casualidad, por todo lo más sagrado, que no se acerque por el Centro Delta. ¡Qué gente!"


Media hora después, F. me hace entrar en su despacho junto a K. para mover unas sillas. Despide a K. y me deja sola. Me exige entonces saber por qué la directora del Delta ha puesto una queja formal contra una de las criadas (commons) por haberla insultado.

Cuando me hago a la idea de que he entendido perfectamente, hasta el término "criada", le digo que eso no es cierto; y que si hubiera querido la habría insultado ayer cuando empujó a Shem. Me dice que la directora del Delta exige una disculpa y yo le digo que me parece bien y que se disculpe de mi parte. Pero no sirve: tengo que sentir la disculpa. Y, dado que no he insultado a esa señora (de hecho, en el momento en que escribo esto todavía no tengo claro cuál de las tres cuidadoras era la directora del Delta), no siento excusa alguna por mi comportamiento. Así que he de disculparme, y vuelvo a decir que no. Primer grito: ¡esto es un NEGOCIO! y estamos hablando de muy buenos clientes, que reservan varias veces al año.

Respondo que no soy una criada. Que trabajo gratis 15 horas al día y lo hago lo mejor posible... Segundo grito: ¡estoy aquí por mi propia voluntad, provista de cama, comida y excursiones! ¡Puedo marcharme cuando quiera! Tomo aire y le pregunto si quiere que me marche. No quiere que me marche: quiere que me disculpe por haber insultado a esta persona. Y añade que, en todo caso, él no está aquí para hacer que hagamos cosas, que basta con que él nos lo diga. Reitero que no he insultado a nadie, y F. me pregunta si estoy llamando mentirosa a una buena cliente. Le digo que la que está siendo insultada soy yo, y que no se lo voy a consentir. Tercer grito: ¿Estoy jugando con él? Cuarto grito: ¿He insultado a esa mujer antes? Quinto grito: ¿Tengo algún problema con el campo de trabajo? ¿Tengo un problema mental de alguna clase? ¿Tengo algún problema conmigo misma?

Los últimos gritos son los más desquiciantes: ¿Qué estoy escondiendo? ¿Cuáles son mis verdaderas motivaciones para estar allí?

Me salva mi facilidad para la lágrima (que me hace parecer vulnerable hasta cuando estoy roja de ira), y que los huéspedes han oído los gritos y se agolpan ante la puerta de cristal. Alguien entra y los gritos se interrumpen de repente.

La escena cambia por completo. F. dice que estoy cansada y que probablemente todo haya sido un malentendido debido a algún problema lingüístico. Soy muy buena voluntaria, todo el mundo habla bien de mí y le parezco una persona admirable. Estrecha mi mano (pena que en aquel momento no recordara Mallrats _esperad al min. 3 pico_) y me pide que vaya a la pista de baile y olvide el tema, que él hablará con la directora del Delta y que seguro que no le dará importancia.

Cuando pido a mis compañeras que me acompañen todos los huéspedes con los que tenemos relación han oído la conversación y quieren hablar conmigo. Maquillamos una respuesta tipo "problemas personales desde España con susto" y S. la difunde entre ellos. Me quedo con K. en la habitación hasta que el ataque de ira se me pasa. No puedo olvidar que estoy en un NEGOCIO y me siento humillada, pero sobre todo engañada.

Un par de horas después, S. sube alucinando: F. la ha felicitado por nuestra excusa para tranquilizar a la gente y que el asunto no trascienda, ¡y le ha dicho que está muy orgulloso de nuestro comportamiento!

Acordamos que mañana pueda descansar un poco (con todo el jaleo me ha bajado la regla y me duele todo). Considero la idea de marcharme por primera vez, y las chicas me piden que no me rinda, que los huéspedes me aprecian mucho; que ellas me necesitan. Veremos mañana.

10 de agosto de 2007
Reequilibro mi medicación y, salvo por los dolores menstruales y el disgusto, casi todo funciona. Hago un esfuerzo para ir a despedir a Shem y Davie: el Delta se marcha hoy. El cuidador de Davie viene a verme mientras tomo un té con éste y le regalo una postal de Córdoba con un corazón dibujado (cuando alguien se pasa dos días abrazándote y diciéndote que te quiere, no se te olvida fácilmente, por muy cabrones que sean sus cuidadores). Su tutor viene a verlo y me mira. Alucina un poco: creo que el tipo no se siente contento con su jefa, pero no es mi problema. Davie me abraza un par de veces más. Shem viene a verme y me enseña una foto de sus padres. Joder, cómo se dan cuenta de las cosas. Y sus tutores, que pasan todo el día con ellos, ni pisparse.

El resto del día no me encuentro bien. Mis compañeras me dejan descansar. Marion no deja de cuidarme, de abrazarme, de concederme su atención y todo el cariño de que es capaz. El cazador cazado.

Esa misma tarde conocemos a la auténtica directora del Centro. Vendrá un par de veces más y se meterá en su despacho, aunque se toma un momento para presentarse y saludarnos. Nos enteramos entonces de que F. no es el jefe aquí, sino uno de los tres gobernantes de sala que trabaja en turnos. Su compañera Ger. está hoy de servicio y se preocupa por mí. Pero me duele todo el cuerpo y no tengo hambre. Además, por muy bien que lo esté llevando, no quiero volver a hablar con nadie del personal. Hoy no.

11 de agosto de 2007
Ha dejado de llover. Otra reunión con F. que nos reitera lo bien que hablan de nosotros. Quiere dejar claro que el "incidente" de hace dos días fue simplemente un malentendido y que no hay problema alguno. Aunque suelta de pasada, no obstante, que ha comunicado mi comportamiento a la oficina nacional del SCI en Dublín.

Sin embargo, nos suelta un discurso de media hora sobre Respeto y Dignidad. Hay muy buenos clientes aquí y tenemos que hacer que se sientan respetados y tratados con dignidad, porque si no no volverían a hacer su reserva; y tenemos que hacer todo lo posible para que vuelvan, si es una vez al mes, mejor. Durante ese tiempo, me pregunto dónde se han quedado el respeto que merezco y, sobre todo, la dignidad de Shem. cuando le empujan, la dignidad de Davie cuando le exigen articular un discurso que él no comprende, porque su lenguaje son los abrazos.


F. nos anima a tomarnos tiempo libre: hablamos de la excursión a Galway, y F. nos propone ayudarnos con la reserva del albergue. También deja caer que, ya que yo me tomé la tarde libre ayer, podré aguantar el resto de la semana y los próximos días, excepto lunes, martes, miércoles y jueves, podrán descansar mis compañeras. No me molesto en matizar que yo no descansé ayer, sino que estaba enferma. Cuando paso de todo, es mala señal.

Nos pide que le transmitamos toda la información que nos llegue sobre Declan, pues es la primera vez que pasa aquí sus vacaciones. Anoche impidieron a S. dar un paseo con este hombre encantador, con más pluma que los pavos reales, y dos cuidadoras residentes han esparcido el rumor de que es peligroso. Tácitamente, hemos acordado no decirle ni una palabra a F. No sabemos qué hacemos aquí, pero no somos espías.

Ah, de paso, y recordando por tercera vez el "incidente", F. nos advierte, al quinto día de estar aquí, de no estar nunca a solas con los huéspedes. Si ocurre algún accidente, alguien se cae, o cualquier otra cosa, podrían demandarles.

A pesar de no creer lo que nos dicen, S. lo toma más o menos bien, me pide que no me vaya; y K. que no deje que este impostor nos joda las vacaciones. Pero ellas se irán el 26, y a mí me queda un mes por delante y otro campo de trabajo. Uno de verdad.

Decido irme.

Aunque nos han dicho que no usemos internet, que es muy cara, hemos descubierto que el único ordenador utilizable en la sala de informática está conectado a ADSL permanentemente, y que gozan de tarifa plana. Así que lo usamos, faltaría más.

En mi caso, pido ayuda. Dejo a mi familia y a Herberwest aparte, y tampoco digo nada al grupo. Los Pezones Blancos se movilizan vía Piezas (al principio, creyendo que es una de nuestras coñas). En Escolar.net buscan contactos que estén en Irlanda. Ent busca ayuda, Nia también, algunos miembros de Bookcrossing. Pregunto también a los De Amicitia, antiguos miembros del SCI, y me dicen que si estoy mal, que me pire ya. Pero que prepare el reporte, nada más oyen el primer par de incidentes que les cuento. Surgen varias posibilidades de que me fugue a Cork el día que las chicas visitarán Galway (será nuestro primer día de descanso en dos semanas). No es mucho dinero, pero al final, Piezas me convence de pedir ayuda a Herberwest y hablar con él.

Esa tarde, Herberwest me compra un billete para el martes Dublín-Madrid: nos saldrá más barato que pasarme dos semanas sola en Irlanda, jodida y cansada, esperando a que venga. Volveremos el 28. A lo largo de la tarde reservo una noche en el Litton Lane Hostel de Dublín.


11 de agosto de 2007
Volvemos al Centro Comercial con un grupo de adolescentes de Dublín que han venido a pasar el fin de semana. Nuevamente, las cuidadoras desaparecen. Los chavales me prometen que no harán explotar el centro si les dejo a su bola en la tienda de chuches y videojuegos; y me salto las normas dejando que cuatro chicos de 15 años se queden solos y sean libres por un rato. Por cierto, JJ., que tiene espina bífida y se marea en los coches, ha vomitado en el minibus. La cuidadora que hoy está de guardia (y que es IGUALITA que Chus Lampreave) le ha puesto una bolsa, a él y a Ais. que también ha vomitado; pero no se le ha ocurrido que la pota salpica los pantalones de las personas con parálisis, y que podría limpiarles la ropa con un poco de agua y papel higiénico.

JJ. pasa un poco, pero Ais., con parálisis cerebral total, pasa una tarde chunga oliendo a vómito y quiere volver al centro para que la cambien. Serán diez euros la hora, me parece.
Escaleras

Tras haberla ayudado con las compras, Ais. nos pide que la ayudemos a cenar nosotras y no la carer. Se supone que no es nuestro trabajo, igual que no podemos acompañar a solas a M. o A. a su habitación y ayudarles a guardar las compras, pero ¿qué puedes hacer cuando alguien te lo pide y no hay nadie dispuesto a hacerlo por ti? ¿Apelar a una posible demanda?

JJ., L. y Ja., su amiga Ais. me hacen arrepentirme un poco de la idea de marcharme. Pero al fin y al cabo, como los huéspedes que conocemos, se marchan el lunes, así que no me lo pienso mucho.

Quieren que vayamos mañana al cine con ellos (y eso que en la cena me ha tocado echarles la bronca por jugar a romper la vajilla con la cabeza).

12 de agosto
Le digo a Ger. que me marcho mañana. Mi padre está enfermo (lo cual es cierto), pero yo sé que ella sabe que yo sé que ella sabe lo que nos ha ocurrido esta semana. Disimula bien, y no quiero hablar más del asunto.

K. se viene abajo después de varias noches de pesadillas. Ger. decide que hoy no trabajemos en nada. Nos regala chocolatinas y nos hace subir a nuestra habitación.

No vamos al cine. Las carers, que desaparecían día sí y día también, cuidarán hoy de los chicos y no pueden llevarnos en el bus. Insistimos en que no tenemos ganas de ver Transformers, pero la respuesta es que no nos pueden llevar. Como mucho a una de nosotras. Ya no pensamos.

Esa noche lo pasamos realmente bien con los chavales. S. decide contarle a Declan por qué no hemos ido de pesca con él. Como es obvio, se coge un cabreo de narices. Se siente humillado e insultado. Nos enteramos de por qué está aquí: es piloto y sufrió un accidente que le ha costado una lesión medular, la pérdida de un músculo del brazo y un daño cerebral del 51%; tiene problemas de memoria bastante graves (y añado: mucha pluma). Eso es lo que hacía tan peligroso al huésped que ayudaba a Mar. a fumar sus cigarrillos, que ha dado de beber a Marion y que enseñó trucos a los chavales. Me cuenta que, mientras fumaba, fue él quien oyó los gritos por la ventana el otro día y alertó a mis compañeras y a los otros huéspedes. Le cuento me marcho mañana. No me atrevo a arruinarles la noche a las chicas contándoselo.

13 de agosto
No podría decir cuánto me alegro de no tener que despedirme de F. Prefiero hablar de su comportamiento más adelante. Por escrito, y por triplicado, como a él le gusta.

Bajo la maleta cuando creo que las chicas no me ven. Intento irme sin despedirme (estas cosas nunca se me han dado bien), pero no me llaman el taxi. Tengo que esperar hasta las dos para coger el tren de las 14:30 a Dublín. Vale. No intento comprender.

Cuando les cuento que me marcho a las chicas, a mediodía, ellas me dicen que ya lo saben, que han visto mi maleta. Que no quieren que me vaya, pero que comprenden que esto ha sido más duro conmigo que con ellas. Y que, al fin y al cabo, hay más gente que me espera. "Sé sabia y sé egoísta", me dice K. Y entonces las tres nos ponemos a llorar.

He conocido a voluntarios realmente majos a lo largo de estos cinco años, pero he desarrollado una relación especial con estas muchachas, tan jóvenes; y al vernos en un entorno enloquecido y bastante hostil. Les prometo que haré todo lo posible por adelantar mi vuelta a Irlanda y volver a verlas antes de su regreso a casa. Lloramos un montón, pero hacemos algunas bromas: Declan y yo volveremos juntos y solos a Dublín, así que por fin comprobaremos su grado de peligrosidad. ¡Y lo cachondo es que la broma sale del propio Declan!

Cuando nos deja en la estación, Ger. deja escapar una verdad cuando me abraza: "lo pasado pasado, cariño. Tú tienes que preocuparte de ti misma y de nada más: eres humana". Creo que nunca sabrá cuánto se lo agradezco. Prefiero la sinceridad siempre.


Me despido de Declan, que intercambia conmigo su dirección y me da su permiso para mencionarle, con nombres y apellidos, en mi informe al SCI.

Cuando llego al centro de Dublín, descargo y paseo por O'Connell Street y los Quays, dispuesta a concederme un homenaje, y escribo este post, me acuerdo de lo sosita que me ha parecido siempre esta ciudad... y de que he estado a punto de besar el suelo al bajarme del tren.

14 de agosto de 2007
Madrugo para darme un buen (y caro) desayuno en O'Connell Street. De nuevo doy muestras de una enorme madurez y fuerza de voluntad no entrando en Forbidden Planet y sólo me gasto un dinero razonable en las rebajas de Tower Records: Kíla, An irish evening de los Chieftains, Tori Amos, Asian Dub Foundation y WAR de U2. Escucho el último álbum de Sínead O'Connor mientras desayuno: realmente bueno. Pero caro. Aquí la música es tan cara como en España, si no fuera porque las rebajas son rebajas de verdad.

Salgo para el aeropuerto y coincido con una chica de Móstoles que vuelve a casa tras diez meses de trabajo. Ponemos a parir al PP y nos contamos nuestras aventuras, a cual más rocambolesca, con algunas instituciones irlandesas. Almorzamos juntas y me da tiempo a leer un poco antes de que salga mi vuelo.

Nunca había estado tan cansada en un viaje.

Apenas llego doy señales de vida a los Pezones y en Escolar y me voy derecha a la cama.

Y le cuento a mi madre que he vuelto a España y por qué. Y las dos nos llevamos un disgusto. Espero que sólo nos llevemos ese este mes, porque andamos de hospitales.


15 de agosto de 2007
Madrid. Paso el día en estado comatoso delante del televisor. No me siento con ganas de actualizar esto ni de responder a las llamadas de mis compañeras desde Irlanda; ni mucho menos de redactar informe alguno. Recibo una llamada de Nia y un mensaje de Rozonda, y les hago saber que estoy bien y a salvo en casa. Poco más: según Nia, la adrenalina desaparece de golpe del organismo a las 40 horas aprox. de haber subido para ayudar al cuerpo a tirar para delante... y matemático, oye. Cuarenta horas después de dejar Dunnamon, no tenía ni adrenalina ni nada más que sueño.


16 de agosto de 2007
Hago todo lo posible por ponerme en marcha. Traigo alguna ropa que lavar, me doy una mascarilla. Empiezo este post.

Llamo a De Amicitia para hacerles saber que ya estoy a salvo. Mi oficina del SCI parece estar cerrada por vacaciones y no puedo dejar un mensaje para T. Llamo, pues, a Dublín, y solicito hablar con la directora. Le explico que estoy en Madrid y que me he visto obligada a dejar el campo; y que, ya que volveré en breve a Irlanda para mi segundo campo de trabajo en el Norte, quisiera tener una entrevista con ella para explicarle lo que ha ocurrido. Me responde que no es necesario, ya que entiende que el trabajo en Dunnamon es duro. Matizo que el trabajo no es duro en absoluto, y que el problema es que no hay proyecto.

Me responde, con la politeness acostumbrada, que ella sabe que en Dunnamon hay un proyecto; y vuelvo a matizar que allí no hay proyecto en absoluto. "¿Qué quiere decir?" pregunta. Le explico que la vida consiste en estar; que se nos ha prohibido hablar con determinados huéspedes, que los mismos con enfermedades mentales y similares son mantenidos lejos de nosotros, que no podemos realizar actividades de cuidado personal, pero que a menudo se nos ha dejado completamente solas con un grupo entero de personas dependientes a los que hemos que atender en lo más básico por la huida de asistentes. Me interrumpe: estas son cosas para hablar personalmente y no por teléfono. Me solicita que vaya a Dublín el 29 de agosto: yo le respondo que tengo un marido y que no puedo hacer planes por mí misma. Me dice que va a conocerme personalmente cuando visite el proyecto en Glebe House para conocer a los voluntarios, y le propongo sacar tiempo ese día para comentar claramente lo ocurrido en Dunammon. Le parece poco educado hablar de ello en Glebe House [¿?]. Y parece que va a estar muy ocupada. De modo que le digo que no hay problema: que estoy redactando un informe detallado de lo ocurrido para mi oficina local, la oficina central en Ginebra y los medios de comunicación. Entonces, me dice, cuando nos encontremos, arreglaremos esa entrevista porque por supuesto que nos tenemos que reunir, y que no hace falta que redacte el informe, que con enviarle a ella una hoja de evaluación será suficiente.

En ningún momento me pregunta por el resto de las chicas.



Comienzo a escribir. Un caos de recuerdos buenos, no tan buenos y terribles andan peleándose por salir primero de mi cabeza. Siento una extraña mezcla de tristeza, derrota y orgullo de mí misma por haber manejado sola una situación que escapaba por completo a mi control. Temo que este incidente malogre el resto del tiempo que me espera en Irlanda, mi trabajo en Glebe House, mis vacaciones. Temo que mi informe no vaya a ninguna parte y que todo siga igual. Temo no poder olvidarlo la próxima vez que pise esa tierra. Temo que no haya próxima vez. Temo pensar en cuántos Lourdes encubiertos quedan en el mundo para quienes no tienen otro sitio a donde ir.




18 de agosto de 2007
El conato de depresión provocado por la descarga de adrenalina ha desaparecido. Ya no me siento cansada. Volveré en dos semanas a Irlanda, y no quiero dejar de disfrutar esa tierra. Espero volver a ver a mis amigas algún día.

Ya no tengo miedo. Es más, creo que me las he arreglado bastante bien para ser una loca que tuvo que enviar dos cartas de recomendación y un reporte médico, además de cien eurazos, para ser admitida como voluntaria.

lunes, agosto 13, 2007

Que que hago en Dublin, con un billete de avion a Madrid en la mano?

Atentos a sus pantallas.


domingo, agosto 05, 2007

Madremialaquestacayendofuera...

?Cuanta agua puede caerte encima en los diez minutos de trayecto andando entre O' Connell Street y la estacion de tren? ?Eh?

Fetido, voy abrigada ;)

Cucharadas de irlandes para hoy, cortesia de GEM Sugars:
"Sileann do chara agus do namhaid nach bhfaighidh tu bas choiche" (Tanto tus amigos como tus enemigos creen que no te vas a morir nunca)

"Nil aon tintean mar do thintean fein" (No hay mejor chimenea que la de uno; o como en casita en ninguna parte, que diriamos nosotros)


sábado, agosto 04, 2007

Alive, alive O!

Este iba a ser un post breve diciendo que estaba viva y a salvo en el Albergue Internacional de Dublin, con su correspondiente cita en irlandes, cortesia de los sobrecitos de azucar GEM.

No es que haya cambiado de idea sobrecogida por la abrumadora belleza de Dublin _esta ciudad sigue igual de gris que el verano pasado; y eso que hoy hacia sol_. Pero este mediodia me he comprado un cordon de colores.

Justo al lado de la estatua de Molly Malone, al principio de Grafton Street, estaba vendiendolas una chica que tenia la misma expresion que la estatua. Cansada, aburrida de que no le compraran sus cordones y falsas rastas, arrebatadoramente guapa con su vestido y su pañuelo rojos de gitana y sus pendientes de oro. No he podido apartar los ojos de ella durante un rato. Y no se por que, no se me ha ocurrido hacerle una foto a ninguna. La gitana irlandesa me inspiraba demasiado respeto; y la pobre Molly, rodeada de turistas subidos en su carreta o bailando a su alrededor con el abuelete que toca el bodhran a sus pies, me daba un poco de pena.

Le he comprado uno de sus cordones para distinguir mi mochila y he entrado a pedir un cafe. Cuando salia ya la estaban echando los municipales de aqui, la Garda. Y hemos charlado juntas un rato sobre el interes del alcalde de Dublin y el de Madrid en que no haya musicos, vendedores ni estutuas humanas en las calles donde Diesel, Marks & Spencer y Starbucks ponen los escaparates.

Quiza deberia haberle invitado a un cafe, pero no se me ha ocurrido otra cosa que desearle suerte a la Molly moderna y cale. Es de Donegal y viene a Dublin los fines de semana, aprovechando el turismo; asi que tenia que buscarse otro sitio donde vender menos a la vista, y quiza la habria molestado. Pero al menos deberia haberle dicho lo guapa e imponente que resulta, "cordones y rastas/ alive, alive Oh!".


Ah, al viejete que se hace fotos y baila con los turistas no le echan. Me alegro por el: su trabajo parece estresante de narices.


miércoles, agosto 01, 2007

Nuevos vecinos

El señor Andreas llegó al barrio hace unos seis meses. Compró el videoclub, el mítico CARES donde todos cogíamos las películas una y otra vez cuando no había Canal Plus (va a ser verdad que la industria está en crisis), y puso una tienda de alimentación.

Creíamos que era rumano por la cantidad de alimentos de Europa del Este que traía, y la cantidad de rumanos que acudían a las nueve de la noche a su tienda, recién salidos de la obra, a comprar viandas de casa; y se quedaban en el banco de delante horas y horas hablando por la noche. Además, como tiene dos críos pequeños, trae todo tipo de chucherías, así que tenía la tienda petada. Por eso compró el local de al lado, que estaba en venta y es como tres veces más grande. Ahora tiene horno para servir pan caliente a todos sus turnos de clientela.

A principios de verano, un vecino le dijo a mi padre que no era rumano, que Andreas es armenio; y entonces entendí lo de las hojas de parra, que ni siquiera Ahmed, el carnicero y presidente de la mezquita de Puente de Vallekas, trae más que como delicatessen. ¡Y qué latas de carne de cerdo en conserva, madre!

Anoche compramos unas latas de atún que no teníamos y, al ver la charcutería en ruso me vinieron a la cabeza los pieroggi.

Estas señoras comen pieroggi

Por pieroggi no les venía nada, ni a Andreas ni a su mujer. Recordé el nombre ruso y pedí belmIni. Ni por esas. Pero una clienta dijo "¿pasta rellena? ¿No será bellmEny?"

"¡Bellmeny!" dijo el sr. Andreas.

- Traemos una vez a la semana, pero espera que voy al almacén, a ver si te puedes llevar alguno.

Y tenían. Y los hemos almorzado hoy.

Me pregunto qué pensarán de nosotros. En el caso de Ahmed no soy del todo extraña, pues soy musulmana nueva. Pero en el caso de Andreas, por más simpáticos que sean, me siento un poco como si invadiera el único espacio que les queda en el que las cosas son, suenan y saben como en casa. Supongo que les resultamos un poco exóticos, pero también les ha hecho gracia que conozcamos Polonia y tengamos amigos polacos. Aunque no queramos llevarnos sus (recuerdo deliciosos) embutidos de cerdo ;)

El próximo día, nos traeremos encurtidos y remolacha para hacer sopa.