martes, abril 15, 2008

Pisando al poeta. Día I

Recién llegada de Alicante, y tras 24 horas contemplando cómo se reabsorbía el plasma de mis ampollas, paso a relatar la Senda del Poeta 2008.

¿O quizá debería decir la Senda Sobre El Poeta? ¿Pisando no tras la huella de sus pasos sino pisando sobre su huella?

Llegamos a Alicante el jueves por la noche y dormimos en la residencia universitaria, La Florida, a 20 minutos de paseo del centro (5 en bus) y limpia hasta el extremo. Un sitio muy agradable, la verdad. Aunque Alicante siempre me ha gustado: me parece una ciudad amable, con gente encantadora, no le veo ninguna gracia a las playas de alrededor teniendo El Postiget al lado, y ningún coche pita. Cuando vimos en Público que se celebraba el sendero poético no fue nada fácil convencernos de pasar unos días allí, y peregrinar por fin a Orihuela.

Teníamos por delante unos 70 kilómetros de sendero (cosa de la que me enteré después, porque sobre el mapa parecían menos), media docena de pueblos, pedanías y huertos; varios recitales poéticos, una obra de teatro, gente a la que me apetecía conocer.

Entre ellos destaco al señor Antonio de Cox (pueblo donde vivieron Miguel y Josefina, y donde murió Manolito, su primer hijo), y a sus ímprobos esfuerzos por tapar el interminable discurso de la alcaldesa de Orihuela con la bandera republicana.

- ... Porque Miguel Hernández es ya el poeta de todos, da igual la ideología...

- ¡¡Y UNA MIERDA!! - voz de señora desde el público.

Viendo que la cosa se alarga, me pego una visita tranquila a la Casa Museo donde vivieron los Hernández casi toda su vida. Los chavales de los institutos, que hacen el primer tercio de la marcha, en plan gamberro, miran todo hipercuriosos: la cuadra, la plancha de hierro, la letrina. Se lo explico a algunos y vuelvo a por Herberwest que está sentado tranquilamente en la plaza. La alcaldesa sigue a lo suyo:

- ... y agradezco al Señor Delegado de la Generalitat la ayuda prestada...

Visitamos juntos la casa museo, y compro dos postales antiguas para los compañeros de Memoria.

- ... así como a las diferentes instituciones que, con ímprobo esfuerzo, han hecho de Miguel Hernández un símbolo más allá de las diferencias...

- ¡¡Y UNA MIERDA!!

Damos una vuelta por las calles de Orihuela, donde algunos veteranos están esperando. Incluso decidimos tomar un café en algún bar de los que rodean la plaza.

- ... Y por último, agradecer también a los señores de...

Nos encontramos con que los bares están llenos de "senderistas poeteros" veteranos que ya se saltan directamente el discurso de las Fuerzas Vivas y los recitales del artista local y desayunan tranquilamente. Nos cuentan que el Colegio de Santo Domingo, de los jesuitas, donde Miguel Hernández estudió como becario (entrando por la puerta de servicio), nunca participa en el homenaje. Empezamos a ver algo que es diferente de la gente que hemos conocido en la plaza: un apropiamiento de las Fuerzas Vivas de la vida de Miguel, no sabemos con qué sentido salvo el de medraje propio. El poeta de todos. Nos sorprende una traca que parece recrear el bombardeo de Guernica. Hay que ver lo que les gusta la pólvora a estos.

Y caminamos con alegría toda la mañana, parando en los pueblos y pedanías donde los niños y jóvenes han hecho recitales y homenajes al poeta paisano. Llega una profesora de Redován y recita un poema propio:
Si Miguel volviera
vería las huertas
y le daría mucha pena
y pediría agua
(algo así era)

Le dejo mi tarjeta para que me envíe una copia del poema. Supongo que se le perdió, pero como llegue prometo publicarlo íntegro.

La tarde fue más tranquila: un grupo nos quedamos atrás, leyendo por nuestra cuenta los poemas de la muerte de Manolito en la estatua que la familia de Miguel y Josefina tienen en la plaza de Cox. El resto (y eran 3000) no paró porque los discursos de la señora alcaldesa nos habían retrasado un pelín, y aceleraron el paso hasta comer en las afueras del pueblo. En todo caso, la caída del sol trajo aire, palmeras, higueras, el olor de los naranjos, algo más de silencio cuando se fueron los miles de chavales. Y la primera llamada de atención por parte de un monitor del IVAJ, porque tomar fotos complicadas suponía retrasar a todo el grupo. Y éramos 400. También paramos para que un señor de un Ayuntamiento inaugurara un hito de la Senda, para quien la haga fuera de las fechas.

Pero menos de un cuarto de hora después estábamos en Albatera. Banda de música, pasodobles, y senderistas desplomándose sobre sus sacos en la Casa de Cultura. Mientras esperábamos a ducharnos, un chaval cogió el piano e improvisó un concierto de Tiersen y Mozart hasta que el mismo monitor al que no gustaban mis fotos le levantó del piano. Al intentar cerrarlo, le soltó una cuerda y tuvo que llamar al conserje. Una cena algo escasa, pero complementada -la mayoría - con manos de cerdo, la especialidad del pueblo. Y eso sí, sobremesa divertidísima con alicantinos veteranos y un recital de poesía cuyo tono fue subiendo a medida que los albateranos nos iban contando cómo se ha eliminado el acto poético de homenaje, los cambios que ha sufrido el busto de Miguel para colocarlo en un emplazamiento que les convenza. Nos fuimos a dormir antes de que la cosa se pusiera más caliente aún, cuando leyeron un escrito enviado por correo del último compañero de presidio de Miguel, un señor ya anciano que no pudo estar en persona. Toda la vida leyendo sobre él y me enteré de algo que no sabía: Miguel Hernández no fue al hospital, a pesar de que el alcaide le llevó en ambulancia, porque el capellán le trajo de vuelta; en castigo porque no había querido confesarse. Don Osvaldo se llamaba, creo. No pude apuntarlo.


Y esa noche empezaron a pasar las cosas más rocambolescas. Chicos locales borrachos saludando a sus amigos a voz en grito. Se monta el follón. ¡Que alguien avise a los monitores! No baja nadie. Bajo yo: me visto, me prestan unas chanclas y voy a buscarlos. No están. Acaba por encontrarles el guardia jurado en la cafetería del Hogar del Jubilado tomándose unas cañas. Al lado dormía gente. Uno accede, tras unos minutos, a subir conmigo, mientras el guardia jurado ha avisado a la patrulla policial. Echan a los chavales, que estaban completamente mamaos.

A las dos de la mañana se vuelve a armar follón. Un grupo de personas entra a dormir como si fueran las cuatro de la tarde. Al tercer portazo se encienden las linternas. ¡Que alguien avise a los monitores! Como ya hay confianza vuelvo a coger las chanclas. Esta vez, los monitores no están por ningún lado. Tiramos por la calle del medio y volvemos a avisar a la policía para asustar a los tipos.

Cuando subimos, resulta que la puerta que se abría y cerraba a golpes era... la de los propios monitores.


Cuando despertamos la mayoría, a eso de las siete de la mañana, se oyó una voz con acento murciano en la oscuridad.

- Me has dao la noche, cacho cabrón. Pero ahora ¿sabes qué va a pasar? Que se va a encender la luz y me vi a quedar con tu cara, y de aquí al domingo te vas a cagar, ¡¡hijolagranputa!!

Las carcajadas despertaron a los que quedaban.

7 comentarios:

MsNice dijo...

Chiquilla, vale la pena leer cosas que has escrito .

fétido dijo...

Tié que haber gente pa tó.

Victoria dijo...

XDDD Un viajecito movidito.

Por un momento pensé que iba a decir ¡Y UNA MIERDA! XDDDD

Supongo que la grieta es buena señal. ¿Supongo bien? ;)

Small Blue Thing dijo...

Si hay más :P

(sí, supones bien)

Ajenjo dijo...

Ja, ja. Después de la caminata nada como un buen descanso!!!!

Por cierto, si la profesora te manda el poema, nos lo cuelgas por favor. imprescidible.

Evitadinamita dijo...

Qué agradable leer una experiencia tan interesante y bien relatada, da gusto. Además es evidente que lo has pasado bien, a pesar de la caminata ( 70 km, Uf!:P), de lo que me alegro.
Ah! y espero que te llegue el poema, puede ser un post impagable!
Un besote!

ostap dijo...

"ningún coche pita"

Ese día nos comportamos porque sabíamos que había visita...

Ah, y las playas alicantinas no-Postiguet son un algo a descubrir, te recomiendo especialmente una llamada la gola, en Santa Pola.