jueves, noviembre 05, 2009

Confutatis!

Algo así ha debido de pensar la Ministra de Cultura (esta misma) al levantarse por la mañana para declarar como cierta esta gilipollez esta leyenda:
"Si Mozart hubiese cobrado derechos de autor ho habría vivido tan mal"
Ya de entrada es triste el asunto porque es mentira: Mozart se bebió su paga y su patrimonio durante años hasta que palmó. Pero más memo es que no había nada por lo que pagar, puesto que en el s. XVIII faltaba un poco para que las obras se publicaran de la manera que lo hacían el el XIX y se generaran derechos por la distribución de las obras: partituras impresas, conciertos, menos aún soporte. El teatro o la ópera de entonces poco tenían que ver con los actuales.

¿Qué consiguen declaraciones como esta, aparte de un cachondeo generalizado en Twitter? Algo peor: confundir a la gente sobre qué son realmente los derechos de autor, cuánto cuestan, a dónde van dirigidos y qué protegen exactamente. Y así pasa, que en el artículo en Público que da cuenta de la frase histórica, los comentarios confunden a Mozart con Michael Jackson, a Salieri con Almodóvar, el copyright con la propiedad intelectual, y los derechos de autor con (otra entelequia) las subvenciones. ¡Ay, las subvenciones!

Se agradecería, de paso, que los expertos sobre Propiedad Intelectual mejoraran las etiquetas en sus blogs, para contribuir a esclarecer las confusiones sobre qué es esta y qué no es (copyright, por ejemplo, que es lo que más aparece en este apartado del blog de David Bravo). Yo haré lo que pueda.

Propiedad Intelectual no implica necesariamente que cobre de por vida por cada cosa que escribo y que tú pones en tu blog. Eso es falso: lo dice la Ley.

La Propiedad Intelectual asegura, de entrada, que lo que yo escribo no lo firmes tú. Registro mis obras y podré demostrar (eso dicen) que si me levantas mi historia y dices que es tuya, yo pueda denunciarte y caiga el peso de la Ley sobre ti.

¿Y si lo pongo en mi blog, por qué te tengo que pagar un canon? No hay canon que valga, hombre. Si lo pones en tu blog y dices que es mío no pagas nada a nadie. A no ser que tengas un blog corporativo, vamos, que utilices el blog para ganar dinero.

Sin embargo, la Ley no distingue entre el que gana dinero con un blog que un canal de televisión o un periódico. Y ahí está uno de los problemas.

Los contenidos de La campana de cristal son Creative Commons: cualquiera sin ánimo de lucro puede usarlos siempre que cite la autoría, comparta sus contenidos de forma igualmente gratuita y no se lucre con ellos. No es que me tenga que pagar, es que de entrada no se los doy. Ya hablaremos.

Con mi obra registrada (la que yo también escribo para ganar dinero) me muevo en otro sistema diferente: no es igual Margarito dirigiendo mi cortometraje que si consiguiera vender la película en Londres.

Margarito tiene un contrato y mi licencia para dirigir el corto. Si ganamos dinero, cosa poco probable en un corto, él recibirá un porcentaje de los beneficios como director, y yo recibiría otro como guionista. Excepto por las ventas de DVD, que no pagan al guionista porque la Ley (redactada en 1996) habla de cintas de vídeo y la industria distribuidora se agarra a eso.

Esos porcentajes, y nada más, son los derechos de autor. Una parte de lo que es la Propiedad Intelectual.

Pero existen durante mi vida y 75 años después de mi muerte. Lope de Vega no devenga derechos de autor. Y quien dice que le quieren cobrar por usar su obra MIENTE. ¿A que todavía no han enseñado la factura ni el papel?

Yo no pongo ejemplos como el de Mozart, pero sí he utilizado a menudo el ejemplo de Schuster & Siegel, creadores de Superman. Aunque conservan el crédito sobre su personaje, la legislación norteamericana, que no contempla derechos de autor sino copyright, permitió a DC ser propietaria de Superman. Tras varias décadas de juicios, consiguieron que se reconociera su nombre (y les costó un dolor que al menos les cedieran eso), después les dieron una compensación por parte sólo de las tres primeras películas y dos series, y todavía anda una viuda de juicios. Porque ni dibujante ni guionista vieron nunca un duro de los beneficios del merchandising.

¿Es justo? Para mí no lo es. ¿Hay que hablar de que vivían en la miseria para hacerlo justo? Tampoco. Ni Schuster ni Siegel vivieron mal, es más, lo hicieron muy holgadamente, pero que no lo hicieran no quita para que DC se quedara con lo que era suyo. Pero no para que tu niña dibuje a Superman en el cole, sino para que Time Warner se lo reconozca cuando saque la serie de animación. Porque no se trata de que, acorralados en un tribunal (que te habrá costado lo tuyo), te den una compensación, sino de repartir de forma justa y legal el beneficio de un peazo de compañía (no un pobre diablo que pone tres anuncios en una web de descargas). Y yo agradezco que la Ley protega dibujos, diseños de puertas, esculturas, traducciones y programas informáticos, de la misma manera que un inventor tiene patentes sobre sus herramientas.

¿Pero por qué yo tengo que pagar si pongo tu corto, o tu película, en un festival benéfico de mi pueblo? Porque las gestorías (la SGAE es sólo una de ellas) que gestionan esos porcentajes tiran por la calle de enmedio. Como gestoras, cuanto más cobren, más se llevan de gestión. Pero la Ley, que es bastante inflexible, al menos nos permite ceder nuestros derechos expresamente y por escrito. En esos casos, incluso si la gestora reclama, con nuestra autorización, tu dinero podrá serte devuelto al final del ejercicio fiscal.

Aún así, muchos autores, traductores y profesionales en general, deseamos mayor flexibilidad en la legislación sobre derechos, que beneficia a los ciudadanos, por ejemplo en casos como el de arriba, y también a nosotros. Creative Commons es una opción más flexible, precisamente. Y se podría flexibilizar mucho más, incluso haciendo exhibiciones de dominio público (¡pirateen mi corto, coñe!). Pero todo esto tiene que ver con el pago de derechos, no con la propiedad intelectual: el guión del corto seguirá siendo mío... y de todos modos, es respetable que hoy por hoy, si para un festival benéfico no te ceden gratis las luces, los micros, el local o el proyector, puede que algunos no quieran cederte gratis su película.


Precisamente hoy, kurioso publica en su blog cómo los informativos de La Sexta le han levantado ya dos noticias que él (y sólo él) había descubierto en España, escrito sobre ellas, y difundido vía la comunidad Bitácoras o Meneame, entre otros agregadores.

Me choca, y me decepciona profundamente, que la respuesta de la Sexta Noticias a cuatro reclamaciones por parte de Kurioso haya estado basada en que:

- Kurioso difunde dos noticias reales, o sea, no es autor, no las inventa; o sea no genera derechos.

- Kurioso vio difundidos sus posts en varios feeds, y habría que citarlos todos; o sea confunden la difusión en agregadores con el artículo original, los muy tecnófobos...


Es cierto que Kurioso no ha creado nada. Pero los traductores tampoco, y después de muchos años han visto reconocidos sus derechos (también los económicos).

Del mismo modo, ¿por qué cuesta citar no ya la fuente original de la noticia (que Kurioso sí cita y enlaza), sino tu fuente?

Pues porque la autoría es ya cosa de titiriteros. Una forma de vivir del cuento. Y personalmente, creo que ese reconocimiento se ha devaluado, y se seguirá devaluando, gracias a contibuciones como la de la Ministra. Hoy somos todos un poquito más Salieris envenenadores, delirantes, gordacos gracias a las subvenciones de los derechos de autor.

5 comentarios:

ZüberSanta dijo...

Va a dar igual. Cuando unn tonto coge una Sinde, yausté sabe...

Small Blue Thing dijo...

Está usté sembrao con los juegos de palabras últimamente, hordo.

Lordo dijo...

Off topic: ¡Y Paracuellos, eh, ¿y Paracuellos?

XD, XD, XD

aprendiendoaescribir dijo...

Échale un vistazo a este proyecto cuando tengas un ratillo:

http://www.elcosmonauta.es/

Saludos!

Small Blue Thing dijo...

Lo conozco, gracias. No he podido comprar mi kit todavía porque no podía rellenar la cuenta de paypal :(