Kartika Sari Dewi Shukarno es la víctima número 35000 de un nuevo código penal malayo que castiga los comportamientos indecentes y el delito de "inmigración": desde 2002 han condenado a casi 50.000 personas, casi todos ellos refugiados birmanos o de otras regiones del Índico. Estos datos han sido hechos públicos por Amnistía Internacional a través de las redes sociales.
A vueltas con la Sharia
El 20 de julio, el Tribunal Superior de la Ley Islámica del estado malasio de Pahang condenaba a Kartika Sari Dewi Shukarno, de 32 años, a recibir seis golpes de vara por haber consumido alcohol.
Llevo formando parte de la Red de Acciones Urgentes de A.I. desde 1997. Tras haberme unido a esta campaña (la tercera petición este mes) puedo fijarme en la palabra maldita.
Bajo el epígrafe de "Ley Islámica" o "Ley Coránica" se sancionan mutilaciones, apedreamientos, ejecuciones y guerras civiles. La palabra maldita es común en medios de comunicación e instituciones, y se oye ya en tertulias domésticas. Ninguna cita acompaña el supuesto mandado coránico que ordena la salvajada en cuestión. Los ejecutores tampoco citan el Corán. Y, desgraciadamente, tampoco la comunidad musulmana las raras veces que se le pregunta.
"Y tú más"
No hay ni una sola referencia en el Noble Corán que castigue el consumo de alcohol, a pesar de prohibir su consumo. No cabe interpretación fundamentalista ni moderada, porque no hay texto que interpretar.
Es más, sabemos por los hadices de la vida del Profeta (paz y bien) que judíos y cristianos de Medina y aledaños vendían y consumían su propio vino. Al contrario, se castigaba con severidad a quien humillara a un alcohólico. Y sabemos que es posible comprar legalmente vino y cerveza en Egipto, Indonesia y Emiratos Árabes.
No obstante, es común que los musulmanes respondamos comparando los latigazos con el apartheid. Más a menudo comparamos la lapidación con la silla eléctrica en lugar de explicar que la lapidación fue abolida personalmente por el Profeta (lpsce) hasta que en 1983, Jomeini decidió volver a ponerla de moda; que sólo se contempla la pena de muerte en caso de asesinato y es posible conmutarla, del mismo modo que se ha erradicado la esclavitud. Que el adulterio nunca ha sido, por decreto coránico, delito de muerte sino de escarnio público, y que había desaparecido paulatinamente hasta la llegada del wahabismo saudí.
¿Por qué la confusión?
La Sharia no es un código legislativo, sino el código de conducta del musulmán en comunidad. Llamar sharia a la jurisprudencia civil de países islámicos procede de la primera campaña electoral egipcia, en 1927, pues tal era el eslogan del partido conservador, la Yamaa Islamiya o Hermanos Musulmanes: "una sola nación, Egipto, una sola Constitución, la sharia".
Los Hermanos Musulmanes reivindicaron una Constitución basada en la tradición cultural egipcia frente a las leyes hereditarias del colonialismo francés y británico. Desde entonces, se confunde la sharia, influyente en el musulmán, pero no vinculante en el Estado, con un código legal. A veces de forma consciente, y a veces desde gobiernos totalitarios e interesados, que invocan lo sagrado para mantenerse en el poder.
Los hombres y mujeres libres tenemos la obligación de protestar contra la tortura. Los musulmanes tenemos una doble responsabilidad añadida: desenmascarar a quienes excusan en el Islam su barbarie, así como eliminar definitivamente y sin excusas el uso injusto de sus términos. Será nuestra manera de decir a los verdugos "no en nuestro nombre".
Artículo del Imam Abdul Feisal, de la Fundación Cordoba Initative, sobre los castigos en el Islam (inglés)
Mustapha Bouhandi: "la abolición de la pena de muerte en el Islam" (inglés)










