martes, agosto 10, 2010

Esperando el creciente

Contrariamente a lo que pudiera parecer, uno en Ramadan se lo pasa bien. De hecho, hay quien engorda.



Debido a los precedentes del último mes, era de esperar que no encontrara ganas de empezar esta vez. Pero en cierto modo el ayuno va de eso, de equilibrar el ánimo. El mayor obstáculo que tendremos que superar este año, sin embargo, es la soledad. Tenemos relación con muy pocas familias musulmanas en Madrid, toda nuestra comunidad vive en Andalucía, y casi todos mis amigos son ateos. Algunos de ellos de la línea misionera, empeñados en salvarme.

Los años anteriores no suponía ningún obstáculo, es más, resultaba muy divertido. Pero a lo largo de este 2010 he empezado a probar en mis carnes lo que a mis conocidas de piel marrón les resulta una rutina.

Ser El Otro.

El mes pasado entramos en una tienda de trajes de fiesta buscando uno para Herberwest, para una boda que tenemos en octubre. No nos echaron. Simplemente, se negaron a hablarnos, y mucho menos a atendernos, con la tienda vacía. Pasaban a nuestro alrededor sin vernos. Es más, se preocuparon muy mucho de pasar a nuestro alrededor sin vernos.

En varias ocasiones he tenido que quitarme el pañuelo. No me ha molestado ceder. No podría permitir que un trozo de tela se metiera en medio de gente a la que quiero y yo: eso, simplemente, no es Islam. Pero me habría gustado más que se preguntaran si de verdad es tan necesario salvarme, si sólo ven lo que llevo en la cabeza y no todo lo que sale de ella; si la única cosa que me distingue en mi entorno me convierte de verdad en alguien tan diferente. Y si además resulta tan fácil dejar de ser diferente como soltarse la melena o no, pues vaya mierda de diferencia.

Por primera vez, una invitación mía ha sido recibida no con sospechas, pero sí con cierta reserva. Son costumbres de otros. Y de esos otros, encima, me atrevería a añadir.

No puedo apagar todos los fuegos mediáticos que se encienden en torno a los musulmanes o que éstos mismos encienden. No puedo ni quiero convertirme en un FAQ andante, no tengo complejo ni vocación de alfaqiya, y no me molesta tanto esa reserva como que proceda, como en los párrafos anteriores, de la misma fuente. Ninguna de estas personas es del todo responsable de ello, pero me duele más que suceda entre quienes supuestamente me conocen que con las gilipollas de la tienda. En lo que atañe a la expresión de mi identidad religiosa, dejo de ser yo para ser ellos.

El primer musulmán (pyb) se convirtió en tal un mes de Ramadán hace unos 1500 años. También entonces estaba completamente solo. Ramadan Karim, pues, para todo el mundo.


7 comentarios:

Fet dijo...

Tengo unas preguntas para usted...

Fet dijo...

... ¡era groma poma!

Fet dijo...

Y sin tregua al gilipollas, no me joda.

Ruth dijo...

Un pañuelo no esconde, enseña, pero no hay peor ciego que el que no quiere ver.

Small Blue Thing dijo...

No no, pregunte, pregunte. A usted le dejo que me salve, me pervierta y me vuelva a salvar, tito. Si lo que hace pupa precisamente es no preguntar.

Ruth, precisamente. Ese es el motivo fundamental por el que me convertí en muhajaba, mujer velada/mujer visible. Y ahora resulta que para los barbas a)no soy musulmana-musulmana, musulmana pata negra; y para los enteraos b)no soy musulmana-musulmana o c)sí lo soy... ¡¡soy como ellooos!! :P

Rozonda dijo...

A los tutrios que le hacen el vacío a mi tita Blue: sé dónde vivís (y no quitáis el polvo, so guarras)

Ajenjo dijo...

A mí invítame cuando quieras. Un beso