lunes, octubre 25, 2010

Borrando borrosas (¡qué ingenioso juego de palabras!)

Esta foto está movida, esto es así.



Da lo mismo la foto que podría haber sido (vaya nuki do, ¿eh? Vaya nuki do). Da lo mismo el mérito que haya tenido tirarla (imagínense a la fotógrafa sobre la pierna buena, con la pierna mala haciendo equilibrio en un banco, una mano en la muleta y la otra aguantando una Cybershot DSC de pacotilla). La foto está movida. Y como esta hay unas cuantas en la galería que no tuve corazón para borrar, pero la carpeta tenía cerca de mil. Han sobrevivido 30, y porque a mí no me daban igual los moratones ni el esfuerzo, ni tirar con la camarilla, que les contaba arriba.

Y la cosa es que tiene que dar igual. Hay que borrar fotos con brío, sin miedo. Igual que hay que borrar párrafos y escenas y líneas de diálogo que no valen para nada. Puede que parezca difícil saber cuáles son las que valen o no, pero creo que si te decides a empezar a borrar lo sabes. Al final, como con las fotos del curso de Takizawa-sensei, no conservas porque dudes de que funcione: conservas porque te da rabia reconocer que tienes que borrar.

En uno de mis últimos trabajos me ha pasado, paradójicamente, lo contrario. Yo intento borrar cortes, borrar frases y no gastar los [improbables] chistes. Sin embargo, cuando veo el material grabado, acabo encontrando frases repetidas. En uno, un gag repetido incluso. Y a veces rescates de lo primero que eliminé en la reescritura y de lo que ya ni me acordaba.

Igualmente, hay por ahí un título de trabajo del que no consigo deshacerme, y mira que he hecho propuestas de toda longitud y color.

¿Por qué ocurre? Creo que se debe a que en estos casos escribo un poco al dictado y para productos de vida muy breve. Yo me impongo la distancia suficiente como para eliminar, pero mis jefes no: tienen una implicación en el producto no sé si mayor, pero desde luego más personal. Como mínimo llegaron antes, y el ritmo de trabajo no les da tiempo a extrañarse como dicen en los Masters de Guión.

Y lo peor de todo es que siempre acabas dejándote algo que sabes que es un truño, pero que tiene un significado para ti al que no te da la gana renunciar. No lo entiende nadie más y dicen ¿Qué es esta mierda? y tú ahí, tan contento, explicando que estabas haciendo equilibrios y con una camarilla y...

2 comentarios:

Javier Meléndez dijo...

Lo que has escrito es una verdad como una casa:

"conservas porque te da rabia reconocer que tienes que borrar".

A veces es difícil saber qué borrar y qué no, pero tengo una "norma" (que me ha dado la experiencia):

Cuantos menos líneas tenga un personaje, mejor. No sólo porque agiliza el diálogo. Además, no se corre el riesgo de que un mal actor o una mala actriz estropee la escena cuando habla. Así que, cuanto menos se hable, mejor.

Small Blue Thing dijo...

Gracias. Lo que has comentado es otra verdad como un templo. De hecho, lo que comentaba: que alguna vez me ponen líneas.

Aun así hoy quería trabajar la reescritura de un corto, y me parece que me voy a imprimir tu comentario y lo voy a pegar bien cerca, porque van a volar las frases.