Los miércoles, Herberwest y yo vamos a la piscina: él para quitarse las contracturas y yo para sobrevivir a las agujetas del
entrenamiento de los martes.
Desde que obtuvimos el carnet de deporte especial, intentamos no faltar, aunque no duremos más de 20 minutos.
Tiene sus ventajas poder entrar gratis a la piscina. Lástima que algunas tardes, pases tu tarjetita de deporte especial y te pase esto:
YO
Buenos días...
HERBERWEST
Buenos días...
SEÑORA DE LA PUERTA
Buenos dí... Oiga no no no, esto no puede ser. ¡Esto no puede ser! ¡No pueden entrar juntos!
YO
¿Cómo?
SEÑORA DE LA PUERTA
(se va a la ventanilla a buscar a la SEÑORA DE LA VENTANILLA)
¡Fulanita! ¡Que dos inválidos quieren entrar juntos!
SEÑORA DE LA VENTANILLA
Uy, pues uno necesita acompañante...
YO
Sí, señora, es mi marido, pero yo no necesito acompañante y por eso vengo con él.
SEÑORA DE LA PUERTA
¡Pero esto no puede ser! ¡Dos inválidos no se pueden acompañar uno a otro!
HERBERWEST
¿Pero qué dice?
YO
Le repito que sólo necesita acompañante uno, señora, yo no.
SEÑORA DE LA VENTANILLA
Pues tendremos que consultarlo.
HEBERWEST
¡Pero si hemos pasado el examen médico en 2009!
SEÑORA DE LA PUERTA
Pero aquí médico no hay.
YO
¿Y si no hay médico en la instalación quién me va a impedir el acceso libre a la piscina? ¿Usted?
SEÑORA DE LA PUERTA
Es que nunca vienen dos minusválidos juntos y nuestro protocolo...
YO
¡Mire, señora, somos discapacitados, no idiotas! Él necesita un acompañante que soy yo, y yo no necesito acompañante y tengo autorizado el nado libre.
SEÑORA DE LA PUERTA
Oiga, que yo no le he faltado.
YO
Ciertamente, ha faltado usted a mis derechos y a la Ley de Dependencia que me los garantiza, así que si no tienen médico presente que me impida el paso, con su permiso tengo cosas que hacer.
HERBERWEST
Pero cariño...
YO
¡Ni cariño ni hostias!
SEÑORA DE LA VENTANILLA
Pues para que no vuelva a pasar, lo mejor es que la próxima vez que vengais no le enseñes tu tarjeta de discapacitada a nadie, y pases como si fueras sólo su acompañante, y es menos lío.
Claro que la culpa no la tiene ella. La culpa la tienen las Fundaciones de
ayuda a los
inválidos, que han conseguido que una señora mayor sea incapaz de imaginar a dos de éstos viviendo por su cuenta.
Y lo peor es que, si un día Herberwest sufre un ataque epiléptico en la piscina, no sé qué rayos pretenden que haga: ¿rezar?