¿Recuerdan este post? Yo lo tengo grabado en la cabeza. No dejo de revivirlo cuando se me caen trabajos o me envían un mail de rechazo.
He dado la brasa a menudo aquí con la obsesión por encontrar un estilo propio, y no sólo escribiendo sino entre mis intereses también: no dejo de dar bandazos entre el perroflautismo y la modernez. Ya escribí sobre el tema no hace mucho (con la nueva skin he perdido la barra de búsqueda y no encuentro la manera de arreglarlo), pero es que me obsesiona.
Supongo que tiene que ver con que en los últimos dos años he empezado a seguir en la Red a auténticos Cabezones. Algunos me caerán mejor o peor, pero, por ejemplo, en el último mes y pico todas mis lecturas, TODAS, casi todas mis escuchas y la mayoría de mis visionados han salido de dos sitios de Internet. Casi diría que de uno solo. Aprendes, pero se siente una absolutamente gilipollas, y sobre todo miras para atrás a todo el tiempo que has perdido leyendo chorradas o dando tumbos, y la cosa pinta mal.
Sin embargo, cuando asocio ambas obsesiones (la de que es muy probable que no sirva para esto, y la del asco que doy culturalmente), llego a una conclusión a la que antes no llegaba: tampoco sé hacer otra cosa y, profesionalmente, soy un excelente roto para algunos descosidos a los que otros mejores, más cultos o más preparados que yo no se les pasaría por la cabeza pasarse.
De momento, eso me tiene contenta. Lo que no sé es cuánto me durará, porque algunos rechazos son muy duros. Sobre todo los que ni siquiera tienen que ver con mi trabajo sino con la crisis, los cambios de localización, los contratos rescindidos, o con los granos de alguien.
He dado la brasa a menudo aquí con la obsesión por encontrar un estilo propio, y no sólo escribiendo sino entre mis intereses también: no dejo de dar bandazos entre el perroflautismo y la modernez. Ya escribí sobre el tema no hace mucho (con la nueva skin he perdido la barra de búsqueda y no encuentro la manera de arreglarlo), pero es que me obsesiona.
Supongo que tiene que ver con que en los últimos dos años he empezado a seguir en la Red a auténticos Cabezones. Algunos me caerán mejor o peor, pero, por ejemplo, en el último mes y pico todas mis lecturas, TODAS, casi todas mis escuchas y la mayoría de mis visionados han salido de dos sitios de Internet. Casi diría que de uno solo. Aprendes, pero se siente una absolutamente gilipollas, y sobre todo miras para atrás a todo el tiempo que has perdido leyendo chorradas o dando tumbos, y la cosa pinta mal.
Sin embargo, cuando asocio ambas obsesiones (la de que es muy probable que no sirva para esto, y la del asco que doy culturalmente), llego a una conclusión a la que antes no llegaba: tampoco sé hacer otra cosa y, profesionalmente, soy un excelente roto para algunos descosidos a los que otros mejores, más cultos o más preparados que yo no se les pasaría por la cabeza pasarse.
De momento, eso me tiene contenta. Lo que no sé es cuánto me durará, porque algunos rechazos son muy duros. Sobre todo los que ni siquiera tienen que ver con mi trabajo sino con la crisis, los cambios de localización, los contratos rescindidos, o con los granos de alguien.






