viernes, diciembre 31, 2010

Llegando por poco

Aguántense con esta mierda de foto porque la cosa está fatal. No me llega la chilaba al cuello, y me he perdido esa tradición de ponerme [más] cursi en Nochebuena con un post ad hoc.

Kojiki, La via del samurai y El libro del Te

Estos libros no son exactamente regalos de Navidad. Son regalos, pero que me he hecho a mí misma (salvo El libro del té, que compré para Herberwest): ¿recuerdan? me tiré todo el mes de agosto leyendo sobre ellos como para no acabar sacando ni un poquito de curiosidad... De camino vienen otros dos, de segunda mano, de los cuales espero tener traducido uno, al menos, antes del próximo curso de Huesca.

En nochebuena leí este post en Dicho de paso, recomendable blog personal de Luarna, otra juntaletras, compañera del Master de Guión. Su reflexión sobre el placer de hacer regalos se parece mucho a la mía propia. Me encanta, y este año, en el que no he parado de escribir pero todavía estoy esperando cobrar, no me ha quedado más remedio que regalar algunas de mis cosas porque no podía permitirme comprar nada.

No ha sido en ocasiones sociales y ya está, claro. Cuando hacemos un regalo estamos o firmando un contrato o, si nos importa, dejando una parte de quienes somos: a lo mejor se trata de eso, de contar quiénes somos, de narrar algo.

En uno de los dos casos era en realidad lo único que podía regalar. Regalé dos libros de mi estantería (este y este, firmado), y un cuaderno de mi colección. He regalado de forma excesiva y un poco desordenada, justo como el día que me puse a comprar horquillas como una loca, pero qué quieren: ha sido un final de año en que apenas he podido hacer otra cosa que intentar tapar un hueco infinito.


Quedan apenas tres horas para que acabe 2010. El año en que he enterrado a mi abuela, a mi tío, a mi maestro Mansur y a una amiga; aunque he recuperado a otra. El año en que he roto algunas de mis neurosis y un pie. El año en que La campana de cristal, blog personal de una enferma bipolar, se convirtió en Busca la Verdaz, blog personal de una guionista, una kendoka, una hija, una nieta, una amiga, una esposa, una musulmana, una socialista, una zenki, una sufi huérfana, una lectora, una viajera, una fan de Star Wars, una madrileña. El año en que he aprendido a tratarme con dragones.

No sé qué me depara 2011: de entrada empiezo enero con tres proyectos de resultado incierto, y bastante más expuesta emocionalmente de lo que me habría gustado. No soy capaz de pensar ni siquiera en vacaciones, ni en hacer planes más allá de 30 días: siempre en movimiento está el futuro.

Pero aquí tienen, por séptima vez, la última puesta de sol en mi pueblo.



Espero seguiros recibiendo por aquí. Feliz noche.

lunes, diciembre 13, 2010

Qué detalle



Gracias, oye, de verdad. Qué buen rollo.

domingo, diciembre 12, 2010

Yo es que debo de ser un poco cortita...

... pero me da la impresión de que algunas lecturas son demasiado para mí.



En mi último cumpleaños, el Egregrio Pezón Blanco (Rama Fundadora) ATMC, y su señora, me regalaron los Cuentos Carnívoros de Quiriny. Cómo escribe el tío: en menos de 300 páginas te regala un relato dentro de un relato (el primero y más potente, el de la naranja); una receta; varias biografías, una reseña alfabética de escritores que nunca escribieron nada (el más divertido); un paper de Botánica; y sigue así la cosa.

Lo que ocurre es que me pasa con el tipo lo mismo que me pasa con algunas obras de teatro: sale un personaje de escena y tengo ganas de seguirle, no de quedarme en el salón con el resto. Algunas de las tropecientas ideas que vuelca Quiriny en cada relato me pedían una atención que no llegaba a la de las siguientes en aparecer. La habilidad estructural del hombre este es de las de envidia de la chunga, de la que duele, pero el chorreo de creatividad me deja más bien fría, porque no me deja gozarla. Así que me parece que tendré que leerme el libro otra vez.

viernes, diciembre 10, 2010

Traduciendo: Respirar con metrónomo y relajación en la práctica del kendo

No sé muy bien cómo llegué a este interesante artículo de Eric Frey en Dangerouslyfit, que dejo aquí en español.

Hace poco comenzamos nuestra clase de kendo con un ejercicio llamado respiración con metrónomo. Pusimos un metrónomo en el dojo y ajustamos nuestra respiración a sus pulsaciones. Respirar con metrónomo aporta unos cuantos beneficios para el deporte y la mejora de la consciencia en general, y para la práctica del kendo en particular. Pero antes de seguir tomemos nota de varios de sus aspectos clave:

- Respira profundamente con el abdomen. Esto implica al diafragma [en vez de al tórax] y lleva el aire hasta el fondo de los pulmones. Imagina tu respiración localizada en un punto a unos cinco centímetros [2 pulgadas en or.] por debajo del ombligo.

- Inspira por la nariza y suelta el aire por la boca. Si te cuesta respirar por la nariz, por un resfriado o cualquier otro motivo, inspira por la boca.

- Exhala casi totalmente mientras encoges el ombligo hacia dentro. Así expulsamos más aire de los pulmones, y quedará dentro menos aire viciado.


El primer beneficio que obtenemos con esto es la relajación. Este es un ejercicio que puedes hacer rápida y fácilmente en cualquier momento del día que sientas estrés. El viejo consejo que dice "párate y coge aire" tiene mucho que ver con esto. Después de unas pocas respiraciones, empezarás a sentir una relajación profunda. Reducir el nivel de estrés tiene más ventajas: sube la testosterona, mejora el sueño, acelera la recuperación física entre entrenamientos y mejora el rendimiento de éstos, tanto física como mentalmente, entre muchas otras.

La respiración pausada con el metrónomo tiene también un efecto positivo sobre el sistema nervioso vegetativo. Éste se compone del sistema simpático y el parasimpático: piensa en ellos como, respectivamente, el control de la respuesta instintiva "luchar o huir", y el de la calma y relajación del organismo. La investigación indica que el sistema simpático ("lucha o huye") se activa por una tasa elevada de respiraciones. De modo que, incluso si tu mente está en calma, tu cuerpo seguirá estresado si tu respiración es rápida. Aminorarla reduce la activación del simpático y lo equilibra con el parasimpático. Algunos expertos sugieren que, con una práctica regular de respiración, el ritmo natural de ésta se ajusta a la tasa más baja que estemos practicando habitualmente. Esto puede ser beneficioso para los afectados de fibromialgia o fatiga crónica.

Men o tsuke!

Para obtener un efecto beneficioso conviene tener una media de cinco respiraciones al minuto. Esto implica inspiraciones y exhalaciones de seis segundos. Pon tu metrónomo a 60 bpm y respira con la cadencia "inspirar-2-3-4-5-6, respirar-2-3-4-5-6". Hacer esto durante unos cinco minuots te dejará bien relajado.

Si no puedes aguantar la respiración seis segundos, empieza con una cadencia menor, como cuatro segundos para inspirar y exhalar.


Beneficios para la práctica del kendo

Cuando queremos aplicar estas ventajas a nuestro kendo, no hace falta más que pensar en el kiri kaeshi. Si un principiante respira varias veces en cada ronda de kiri kaeshi, un kenshi con más práctica podrá hacerlo entero en dos respiraciones, o incluso en una. Para conseguirlo es importante poder inhalar profundamente y controlar la exhalación. El metrónomo nos ayuda a adquirir este control del aire.

A mí me gusta ajustar el metrónomo a 76 bpm y respirar en inspiraciones y exhalaciones de cuatro segundos. Después de unos ciclos bajamos la cadencia a ocho segundos, y finalmente inspiramos en cuatro segundos y contamos hasta 12 al exhalar. Incrementar el tiempo gradualmente ayuda a relajarse. A ver cuánto puedes controlar tu respiración.

Cuando practiques la respiración con metrónomo para mejorar tu kendo, es particularmente importante que trabajes el abdomen. Respirar con la tripa [y no con el pecho] previene que tus hombros se eleven al coger aire: tu oponente verá ese movimiento, sabrá que estás inspirando, y aprovechará la oportunidad para el ataque. Es difícil moverse explosivamente mientras inspiras, así que él sabrá que no le puedes atacar, y que te costará mucho defender. Si eres capaz de inspirar rápidamente sin que se note y aprovechar al máximo la respiración, llevarás ventaja.

martes, diciembre 07, 2010

Busco director de foto

Señores, me he metido a directora. Tres minutos. Cosa sencilla. Necesitamos un cámara porque el tipo con el que trabajamos habitualmente no puede.

¿Voluntarios?

Se deja el guión por mail y se tratará exquisitamente. Y si luego el texto no convence, pues no pasa nada.

sábado, diciembre 04, 2010

Motivos para quitarse el hijab

Últimamente me sale una cantidad de posts moñas sólo comparable a la de los primeros años de este blog. A partir de aquí, ustedes sabrán.
El otro día me compré horquillas.


Para mí, el pañuelo nunca ha tenido un sentido tanto religioso como político. Muchos de ustedes saben que mi respuesta favorita a La Pregunta es "por joder". Y con todo, siempre me he visto muy guapa con el hijab.

Algunos quizá recuerden este post de vísperas de Ramadan. No es que haya empezado a trabajar en aquella tienda de trajes; no ha vuelto a sucederme nada parecido a lo que describía, tampoco.

Un par de semanas antes de aquel incidente había tenido que soltarme el pañuelo a causa de una amiga, feminista clásica, muy de izquierdas, que se empeñó en salvarme. Mi amiga, que había estado aguantando el hijab un par de años con santa paciencia, una noche de finales de julio no pudo más y no paró hasta que el pañuelo acabó en mi bolso; y supongo que así de repente cayeron décadas de sumisión a los hombres de mi vida, volví de la Edad Media y se me cayeron del bolsillo las piedrecillas de lapidar. No recuerdo haber tenido una bronca tan descomunal por mi condición de musulmana como esa, flamazos en Escolar incluidos. Después de cagarme en todo durante un día entero, decidí no volver a llevar hijab cuando nos veíamos, que era como mínimo un par de veces por semana. Reflexioné mucho sobre el sentido del pañuelo y si tenía que ser fiel al hijab o al Islam, y llegué a la conclusión de que éste es demasiado importante para mí como para dejar que una tela se ponga entre él y las personas que quiero. Y así, en nuestro entorno en común, el pañuelo se me ha ido cayendo paulatinamente hasta que a finales de septiembre desapareció.

Mi amiga murió hace 13 días, y desde ese lunes no he vuelto a llevar hijab.

Siempre que alguien muere repentinamente tiendes a atesorar un montón de últimas cosas: la llamada de teléfono, un cotilleo que no terminaste, la última conversación. Creo que te das más cuenta que en otras ocasiones de lo que te has dejado por decir. Mi amiga no ha llegado a saber que me he quitado el velo por algo más que por no oírla; y lo peor es que yo tampoco. Creo que tendría que habérselo dicho. O haber sido más firme, o más alegre, o al menos ir mejor peinada.

La cuestión es que no echo de menos mis pañuelos. Me siento bastante guapa, la verdad, y tan [nefasta] musulmana como el mes pasado. Al menos una cosa sí la sabía, creo: le debo a ella la existencia de uno de los elementos más importantes de mi vida. Creo que recordarla a melena suelta puede ser mi forma de darle las gracias.